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Charla de café VI

La siguiente es una charla imaginaria entre Cristina (CFK), Ayn Rand (AR) y Henry Hazlitt (HH).

CFK: Muy buenos días. Vengo con mucha fuerza, con muchas esperanzas, con muchas ilusiones. Hoy es un día de mucha paz, de mucha tranquilidad, de mucha felicidad de poder encontrarme con ustedes para charlar, entender lo que es un emprendedor, lo que es un empresario, lo que significa la cadena de valor.

AR: Un comerciante es alguien que gana lo que obtiene y no da ni toma lo inmerecido. Un comerciante no pretende que se le pague por sus fracasos, ni que se lo ame por sus defectos. Un comerciante no despilfarra su cuerpo como si fuera forraje, ni su alma como si fuera limosna. Así como no entrega su trabajo excepto a cambio de valores materiales, tampoco entrega los valores de su espíritu -su amor, su amistad, su estima- como no sea en pago por virtudes humanas, en pago por su propio placer egoísta, que él recibe de hombres a los que puede respetar.

CFK: Creo que los argentinos, todos, debemos entender cómo debe funcionar nuestro país, y cómo debe funcionar la actividad empresaria. Muchas veces cuando vienen períodos o épocas, como las que hoy están en el mundo, producto no de la Argentina, no de nuestros empresarios, producto no de nuestras economías, entonces creen que, tal vez, deban retraerse o tal vez achicarse para preservar lo que se ganó y entonces el resto no importa.

AR: No reconozco a nadie derecho alguno sobre un minuto de mi vida. Ni sobre parte alguna de mi energía. Ni sobre ningún logro mío. No me interesa quién lo pida, cuántos son los que lo hacen, ni el tamaño de su necesidad. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia. Quien intenta vivir para los demás es un dependiente. Es un parásito en su motivación y hace parásitos a quienes sirve.

CFK: Todos debemos tener mesura, yo la primera de todos. Me gustaría por ahí decir muchas cosas, ustedes me conocen, pero no, lo único que pido al menos es el decoro y la mesura del otro lado.

AR: Tú, adorador del cero, nunca has llegado a descubrir que vivir no equivale a evitar la muerte; que alegría no es ausencia de dolor, inteligencia no es ausencia de estupidez, luz no es ausencia de oscuridad, y una entidad no es ausencia de no-entidad. No se logra construir absteniéndose de demoler; siglos de espera en tal abstinencia no levantarán ni una sola columna que evitas demoler. Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas.

CFK: Hay que crear las condiciones para los diálogos, es muy difícil dialogar cuando desde el otro lado se insulta o se agravia. Creo que lo más importante de todo antes que dialogar es crear condiciones para el diálogo, y crear condiciones para el diálogo significa hablar de política sin adjetivaciones, sin insultos, sin agravios, sin descalificaciones.

AR: No tengo nada que ganar de tontos ni de cobardes; no busco obtener beneficio de los vicios humanos: de la estupidez, la deshonestidad o el temor.

CFK: En fin, hay diferentes modos de vivir, a mí particularmente me gusta la sidra, no me gusta el champagne y no es una cuestión ideológica, es una cuestión de gustos nada más. Hace unos días en este mismo ámbito hablábamos y presentábamos un Plan de Contingencia. La novedad: el Estado ha vuelto a recobrar una presencia, pero no para obturar o ahogar a los empresarios, sino que por el contrario, para, como lo dije en otras oportunidades, asociarse junto a él para profundizar, para apuntalarlo con el objetivo sí, de todos, de empresarios pero, fundamentalmente, del Estado, de preservar a nuestros trabajadores y también lograr que aquellos que aún no tienen trabajo, tengan un trabajo.

HH: La ayuda estatal a los negocios es a veces tan temible como la hostilidad del Gobierno. El verdadero problema no es si en el año X habrá tantos o cuantos millones de personas empleadas, sino cuál será el volumen total de nuestra producción en aquella época, y, en consecuencia, nuestro nivel de vida. Las tribus primitivas están desnudas, su alimentación y alojamiento son míseros, pero no padecen paro. No hay nada más fácil de conseguir que el empleo total cuando, considerado como un fin, queda desligado del objetivo de la plena producción. La producción es el fin; el empleo, únicamente el medio de conseguirla. No podemos prolongar indefinidamente un estado de pleno rendimiento de nuestra economía sin engendrar al propio tiempo empleo total. Por el contrario, podemos conseguir fácilmente empleo total sin haber alcanzado la producción plena.

CFK: Pero la obra pública, la inversión pública concebida como un instrumento importantísimo en el crecimiento de la actividad económica de un país, por lo que provee en materia de infraestructura social y económica, para nosotros, para esta administración, es una convicción, es un concepto político estructural que hemos venido desarrollando no solamente desde el año 2003 sino desde que nos tocó la responsabilidad de dirigir los destinos de una comunidad.

HH: Centenares de descabellados proyectos invariablemente se ejecutan persiguiendo como principal finalidad proporcionar empleos y dar trabajo, aún cuando aparezca más o menos dudosa su práctica utilidad. Por lo demás, cuanto más ruinosa sea la obra, más elevado el coste de la mano de obra invertido, mejor cumplirá el propósito de proporcionar mayor empleo. En tales circunstancias, es poco probable que los proyectos madurados por los burócratas proporcionen la misma suma de riqueza y el mismo bienestar por dólar gastado que los que proporcionarían los propios contribuyentes si, en lugar de verse constreñidos a entregar parte de sus ingresos al Estado, los invirtieran con arreglo a sus deseos.

CFK: Puedo asegurar que nunca sentí tanto placer y nunca me sentí tan… -no me gusta la palabra realizada, me hace acordar a un personaje de hace muchos años, “te sentís realizado”- pero el tema es el siguiente, cómo uno puede cumplir con los objetivos que se ha propuesto cuando se termina un camino, una ruta, una vivienda, una escuela, un hospital y luego uno pasa y lo mira, siempre pasa y lo mira. Esto me pasaba mucho en mi provincia, en Río Gallegos cuando les decía a mis hijos que cuando fueran grandes y pasaran por tal hospital o por tal ruta, le iban a decir a sus hijos que lo había hecho su abuelo. A Kirchner no le gusta mucho lo de abuelo, pero bueno, en algún momento a todos nos llega ser abuelos. Pero me refiero a lo importante que es visualizar la gestión del Estado como un lugar donde hacer cosas que puedan ser valorizadas y disfrutadas por los otros.

AR: Tú, si no fuera por nosotros, no serías capaz de satisfacer, ni siquiera de concebir, tus deseos. No serías capaz de desear la ropa que no hubiera sido confeccionada, el automóvil que no hubiera sido inventado, el dinero que no hubiera sido ideado como intercambio por bienes que no hubieran existido, la admiración que no hubiera sido experimentada por hombres sin logros, el amor que pertenece y corresponde sólo a aquellos que preservan su capacidad de pensar, de valorar.

HH: Todos los fondos del Estado proceden de las exacciones fiscales. Y el crédito mismo del Estado, tantas veces proclamado, se basa en el supuesto de que las obligaciones que asume serán afrontadas en última instancia con el producto de los impuestos. Cuando el Gobierno subvenciona o concede anticipos, en realidad grava negocios privados prósperos para auxiliar ruinosos negocios privados.

CFK: Estamos abordando el diseño de una política en materia de inversión de obra pública que no es improvisada, ni se hizo entre cuatro paredes ni es algo producido por novatos. Es gente que ha trabajado durante años, que se ha especializado en ello y que además lo ha hecho con un criterio absolutamente federal y participativo, como ha sido en definitiva también toda la obra pública que se ha desarrollado desde el año 2003 a la fecha, donde más del 85 por ciento ha sido descentralizada y ejecutada directamente por provincias o municipios.

HH: No se trata simplemente, como a menudo se supone, de tomar algo del bolsillo derecho de la nación para ponerlo en el izquierdo. Esto es hablar como si el país fuera una gigantesca empresa mercantil y como si tales operaciones implicaran meros apuntes contables. Los inversores estatales olvidan que están tomando el dinero de A para entregarlo a B. Mejor dicho, lo saben muy bien; pero en tanto extensamente aluden a los beneficios que el proceso reporta a B y se refieren a las cosas maravillosas de que disfrutará y que no hubiera soñado si tal dinero no el hubiera sido entregado, pasan por alto las consecuencias que A habrá de soportar. En el mundo moderno no se aplica a todas las gentes igual porcentaje de impuesto sobre los ingresos personales. La mayor carga fiscal recae sobre un sector limitado de los contribuyentes y dicha contribución sobre la renta ha de ser suplementada mediante otros tipos de imposición. Tales exacciones inevitablemente afectan a las acciones e incentivos de las personas que tienen que soportarlas.

CFK: Como dice un viejo refrán, a Dios lo que es de Dios y al César de lo que es del César, o al revés, no sé cómo es pero se trata de eso.

HH: Cuando una empresa pierde cien centavos por cada centavo de dólar perdido y sólo se le permite conservar sesenta de cada dólar ganado; cuando no puede compensar sus años de pérdidas con sus años de ganancias, o no puede hacerlo adecuadamente, su línea de conducta queda perturbada. No intensifica su actividad mercantil, o si lo hace, sólo incrementa aquellas operaciones que implican un mínimo de riesgo. Aquellos que se percatan de esta realidad se retraen de iniciar nuevas empresas. De esta suerte, los empresarios establecidos no provocan la creación de nuevas fuentes de trabajo o lo hacen en grado mínimo; muchos deciden no convertirse en empresarios. El perfeccionamiento de la maquinaria y la renovación de los equipos industriales se produce a ritmo más lento, y el resultado, a la larga, se traduce en impedir a los consumidores la adquisición de productos mejores y más baratos, con lo que disminuyen los salarios reales.

CFK: Por la contingencia hemos remodelado, hemos rediseñado, hemos aumentado el nivel de inversión. Hemos pedido a todos los sectores sostener el nivel de ocupación.

HH: Las gentes comienzan a preguntarse por qué tienen que trabajar seis, ocho o diez meses del año para el Gobierno y sólo seis, cuatro o dos meses para ellos mismos y sus familias. Si pierden el dólar completo cuando pierden, pero sólo pueden conservar una parte de él cuando lo ganan, llegan a la conclusión de que es una tontería arriesgar su capital. De esta suerte, el capital disponible decrece de modo alarmante. Queda sujeto a imposición fiscal antes de ser acumulado. En definitiva, al capital capaz de impulsar actividad mercantil privada se le impide, en primer lugar, existir, y el escaso que se acumula se ve desalentado para acometer nuevos negocios. El poder público engendra el paro que tanto deseaba evitar.

CFK: Nadie es perfecto, todos nos equivocamos. Quiero agradecerles que una vez más se han acercado aquí precisamente para conocer las medidas, porque es de biennacidos, decía mi abuela, una española, es de biennacidos ser agradecidos.

Fuentes:
*Discursos Presidenciales
*El Manantial (Ayn Rand)
*La Rebelión de Atlas (Ayn Rand)

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Dos escenarios, una idea

El martes 28 se realizaron dos eventos que, si bien a primera vista parecieran ser completamente distintos, se verá que, en realidad, están íntimamente relacionados. El primero fue la presentación de Los condicionamientos éticos de la libertad, el nuevo libro del Dr. Armando Ribas, y el segundo, una manifestación en el Congreso en oposición a la re-estatización de los aportes jubilatorios.

Escenario N°1: el Club del Progreso. El primer orador de la tarde fue Mariano Grondona, quien compartió ciertas reflexiones sobre el pasado, presente y futuro de la Argentina. Entre otras cosas, se definió como un conservador, propuso la modernización de las Bases de Alberdi, y señaló que los argentinos debemos buscar políticos virtuosos. Creo que Grondona se equivoca en los últimos dos puntos: el pensamiento de Alberdi me parece totalmente actual, y en cuanto a la virtud de nuestros representantes, coincido con Popper cuando dice: “Me parece simplemente rayano en la locura basar todos nuestros esfuerzos políticos en la frágil esperanza de que habremos de contar con gobernantes excelentes o siquiera capaces.” De allí, la importancia de las instituciones y la limitación del poder.

A continuación, habló Armando Ribas, y dio una clase magistral de filosofía. Comenzó planteando la inexistencia de la civilización occidental como concepto unívoco, y, a través de un breve análisis de Montesquieu, Rousseau y Kant por un lado, y Locke, Hume y Madison por el otro, demostró la existencia de una brecha insalvable entre la “Ilustración Continental” (a la que él define como “Oscurantismo de la Razón”) y el liberalismo anglo-sajón. Para todos aquéllos que estén interesados en profundizar estos temas, Los condicionamientos éticos de la libertad es un excelente libro. Una pequeña muestra gratis: “La realidad de los antagonismos existentes no reside ni entre las distintas fes religiosas per se, ni entre la fe y la razón, por más que éstas aparezcan así planteadas. Decía Tito Livio que las sociedades tenían el derecho de hacer una leyenda de su historia para aparecer sus orígenes superiores y que él no los iba a discutir. Pues bien, hoy es imprescindible superar las leyendas respectivas, entre las cuales no es de menor importancia la europea, para poder iniciar un diálogo desde una perspectiva realista, que muestre los intereses de supervivencia que nos son comunes. Es necesario entonces aprovechar las comunicaciones no sólo para transmitir información, sino para comprender las ideas éticas y políticas que a través del reconocimiento de la naturaleza humana cambiaron al mundo. Que se comprenda que la génesis de la superación de la pobreza se encuentra en el respeto de los derechos individuales, y que la libertad depende de la limitación del poder político en la conciencia de la falibilidad moral y racional del hombre.”

 Escenario N°2: Congreso de la Nación. Cerca de quince mil personas se reunieron, al ritmo de bombos, cacerolas y palmas, para manifestar su disconformidad con el proyecto de ley que pretende estatizar los fondos de las AFJP. Las consignas más repetidas: “Primero fue el campo, ahora nuestro futuro” y “Basta de saKeo”. Cerca de las 9 de la noche, muchos de los manifestantes marcharon por Callao hasta Santa Fe. Por supuesto, los medios de comunicación ni siquiera mencionaron la protesta; estaban demasiado ocupados discutiendo el nombramiento de Diego Maradona como técnico de la selección nacional. ¿Coincidencia?

La idea: En palabras de Armando Ribas: “Esta insalubre democracia es el resultado de la aceptación pública de que el egoísmo se agota en los productores de bienes y servicios en tanto que el amor inunda el ser de los gobernantes. Nada más falso. En las sociedades que desconocen los intereses privados de los que producen, sólo queda el interés privado de la lucha por el poder político. En esta confusión ética se logra el incremento de la pobreza y de los excluidos que pasan a ser clientes del poder político y conjuntamente se pierde la libertad.”

Contradicción

“En la Argentina las empresas tienen seguridad jurídica, por eso no hay motivo alguno de preocupación, especialmente en el caso de YPF, ya que conocemos con detalle su plan de negocios e inversiones y nos parece adecuado a las necesidades del país”, dijo Julio De Vido, durante la reunión de emergencia que sostuvo con directivos de la petrolera en el día de ayer. Dejando de lado el hecho de que el encuentro se suscitó por la caída del valor de las acciones de la empresa tras el anuncio de la re-estatización de las jubilaciones, la frase es contradictoria en sí misma. Es decir, si las empresas tienen seguridad jurídica, ¿qué relevancia tiene el conocimiento por parte del Estado de sus planes de negocios e inversión? ¿Por qué tendrían que evaluar desde el gobierno si son adecuados a las necesidades del país? Y finalmente, ¿cuál es el motivo por el que las empresas estarían interesadas en la opinión que nuestros gobernantes tienen sobre sus decisiones? ¿Será que el ministro no entiende lo que significa “seguridad jurídica” o se siente tan seguro que no se preocupa por darle a sus mentiras una lógica interna?

Una expropiación más y van…

Ya en Agosto de 2007, en The Forgotten Man nos preguntábamos cómo haría el gobierno para pagar los intereses de la deuda en los años venideros. Pues bien, este año hemos visto como solución la creciente presión impositiva, con las retenciones a la exportación como un ejemplo pintoresco de esta circunstancia. La nueva medida adoptada por nuestro gobierno “K tras K” (en todo sentido) es la re-estatización de las jubilaciones. Una nueva expropiación y van…

¿La excusa? La crisis financiera internacional debilitó la capacidad de pago de las AFJP, por lo que el Estado, en su magnanimidad, deberá hacerse cargo de los avariciosos aportantes que despreciaron la oportunidad de regresar al sistema de reparto el año pasado. Sería como “el regreso del hijo pródigo”, con una pequeña variante: al abandonar la casa el joven, el padre lo sigue, lo apedrea, y cuando el muchacho está tirado en el lodo, envía a sus agentes armados para que lo arrastren nuevamente al hogar.

Es interesante el argumento “rescate” que propone el gobierno, ya que las dificultades financieras que las AFJP enfrentan se deben, esencialmente, a las acciones gubernamentales. En primer lugar, se obligó a las AFJP a que compraran bonos estatales, que a lo largo de la historia fueron incluidos en planes de quita de deuda, pesificados, y defaulteados por la intervención de Moreno en el INDEC. Debemos recordar que los bonos de deuda que compulsivamente tuvieron que adquirir las AFJP ajustan el capital por el índice de precios, y, como bien señalaba Kretina en julio del año pasado, “cada punto de inflación representa 420 millones de pesos” que el gobierno robó de nuestros aportes jubilatorios mes a mes a través de la subestimación de la inflación. Pero esto no es todo. Las AFJP también fueron obligadas a repatriar los fondos que tenían invertidos en Brasil, y entregarle sus dólares al Estado, de modo que todos pudiéramos participar en la recuperación de reservas del Banco Central. Y finalmente, el traspaso de aportantes del sistema de capitalización al de reparto (en muchos casos sin consentimiento de los afectados), con el que el gobierno pudo inflar el superávit fiscal, olvidando mencionar que cada peso recaudado hoy es un peso adeudado para mañana. Tomando todos estos factores en consideración, las declaraciones del Jefe de Gabinete generan una cierta indignación: “Las AFJP incumplieron su deber de financiar el desarrollo, de invertir en actividades productivas, de apoyar la industria. Por eso termina el régimen y lo anuncia la Presidente (…) Las AFJP, como sistema, nos desilusionó: incumplió con su misión de largo plazo para los sectores productivos.” Claro, sus fondos no estaban disponibles, ¡debido a la expropiación llevada a cabo por el gobierno!

El efecto inmediato de esta medida es la reducción de la deuda estatal, ya que los títulos en poder de las AFJP van a ser destruidos en la estatización. De alguna forma, el gobierno estaría expropiando su propia deuda. Sin embargo, dado que las AFJP son las principales demandantes de bonos emitidos por el Estado, una pregunta pertinente es a quién le van a vender estos títulos en el futuro. Porque, más allá de los $15.000 millones anuales que se agregan a la caja estatal, el acelerado crecimiento del gasto público va a obligar al gobierno a endeudarse aún más. ¿Nos convertiremos en una colonia más del Imperio Bolivariano? ¿Seguirá Tata Chávez rescatándonos?

Pero aún más preocupante que la idea de que $15.000 millones anuales, que podrían invertirse en algo productivo, vayan a financiar los delirios populistas de nuestros líderes políticos (¿cuántos choripanes se pueden comprar con ese dinero?), es el hecho de que nuevamente nuestros derechos constitucionales son pisoteados y nuestra respuesta, como sociedad, es nula. El único “laissez faire” permitido en este país es el ejercido por el gobierno. ¿Dónde está el límite? ¿Cuándo vamos a reaccionar? Porque al ritmo al que vamos, lo único que nos diferencia de Venezuela es tiempo. Y de Cuba, un tiempo más.

 “La ignorancia del pueblo, en el gobierno de sí mismo, es una mina de poder para los gobernantes sin probidad, que son los negreros de sus compatriotas, al favor de esa ignorancia. Es en fuerza de esa ignorancia, que el pueblo cree que elige lo que sus gobernantes le hacen elegir; cree que piensa por él lo que sus gobernantes le hacen pensar; cree que por sí mismo hace cuanto hace, y la verdad es que nada hace, sino lo que el gobierno le hace hacer. Cree que es poseedor, y en realidad es poseído; se figura que es soberano y señor de sí mismo, y en realidad es vasallo servil de sus gobernantes. Porque su nombre y su poder son invocados en los actos de sus gobernantes, tal pueblo se considera garantido contra el despotismo, y no se apercibe de que es oprimido sin refugio, porque es oprimido con su propia soberanía y en su propio nombre; de que su tiranía es indestructible, precisamente porque es tiranizado con su propio poder o libertad. Sólo en este sentido burlesco, puede decir que se gobierna a sí mismo, y que es libre un pueblo dotado de tal ignorancia. Y no es otro ni puede ser otro el modo de ser libres de los pueblos que carecen de la inteligencia, de la educación, de la costumbre de gobernarse a sí mismos, en lo cual consiste toda la libertad política.”
Juan Bautista Alberdi 

El rol del Estado

Llegó al Centro Municipal de Viedma, Río Negro, vestida de celeste y blanco. Cual bandera viviente, se encaminó con su bamboleo habitual al micrófono. Frunció el ceño, apretó los labios, y con su ya tan familiar cara de constipación anunció: “aquí en Río Negro hoy me sentí como en casa, estoy en casa, estoy en Patagonia, que no es solamente una región geográfica, no es solamente un lugar en el mapa”. Los aplausos no se hicieron esperar, el público rugía enardecido: había comenzado un nuevo discurso presidencial.

“La importancia insustituible e irreemplazable del rol del Estado” fue el tema central de la alocución: “Yo les hablaba del modelo del Estado, de un modelo que durante mucho tiempo, durante décadas, fue denostado en el mundo, nos acusaban de nostálgicos, de intervencionistas, de que no respetábamos las reglas del mercado, cuando en realidad lo que siempre hemos promovido es la articulación entre lo público y lo privado, pero sabiendo del rol indelegable e insustituible que tiene que cumplir el Estado cuidando, controlando y regulando, para que la sociedad entera pueda ser también promovida, y que la generación de riqueza no sea solamente para unos pocos mientras el resto pone la ñata contra el vidrio, esto es importante remarcarlo.” Querido lector, ¿ya se ha recuperado del ataque de carcajadas? ¿Ha secado las lágrimas de sus ojos? Es que, con frases como éstas, a lo único a lo que puede (pro)mover el Estado a los ciudadanos es a la risa o al llanto.

En su autobiografía, Daniel Barenboim escribió: “En realidad, los austríacos son el pueblo más astuto del mundo: ¡han logrado convertir a Beethoven en austríaco y a Hitler en alemán!” Una alquimia parecida es la que la izquierda ha llevado a cabo con la crisis actual: la causa es el liberalismo, por lo que la solución debe buscarse en el Estado. No fue la política monetaria expansiva, ni las regulaciones que obligaban a los bancos a otorgar créditos a personas insolventes. No fueron las medidas populacheras y cortoplacistas para mantener a la muchachada contenta las que desencadenaron esta crisis. Fue todo idea de los banqueros, los tomadores de créditos y los especuladores de la bolsa, quienes libremente decidieron que era hora de quebrar, abandonar sus hogares y perder millones, para darle un poco de emoción a sus vidas.

En los últimos días, nuestra PrimerA PresidentA electa, se ha dedicado a repetir a quien quisiera escucharla que el Estado tiene un rol fundamental que cumplir en la vida en sociedad. El problema está en cuál es ese rol. Porque en la Argentina, el aparato estatal está involucrado en tantas actividades que deja de cumplir la única que justifica su existencia: proveer seguridad. El Estado simplemente existe para que nadie sea juez y parte, de forma que las facciones no puedan oprimir los derechos individuales. La razón de ser del Estado y de su organización republicana es que ninguna mayoría pueda imponerse a las minorías. No hay necesidad de articular, ni promover ni desarrollar nada; cada uno es capaz de cuidarse, controlarse y regularse a sí mismo. Éstas son justamente las “reglas del mercado”: dejar que cada uno busque su propia felicidad como le plazca, siempre y cuando no impida a nadie más hacerlo. En el camino habrá equivocaciones y aciertos, pero la responsabilidad siempre debe ser asumida por el individuo libre.

Sin embargo, la óptica del gobierno K es totalmente opuesta, tal como sostuvo la Barbie del subdesarrollo: “En este momento de crisis internacional, nuestro deber como dirigentes políticos de la Argentina, es cuidar el trabajo de los argentinos, cuidar la inversión de nuestros empresarios y de nuestros comerciantes.” Y por lo tanto, van a seguir ahogándonos con los impuestos para aumentar el gasto público y mantener a la patria choripanera de su lado, negando la inflación, cerrándonos al mundo a partir del aumento de los aranceles y, si le hacen caso a “sus” empresarios de la UIA, bajando nuestro poder adquisitivo con una nueva devaluación. ¡Y van por más! “Fue hace muchos años también cuando hubo una gran depresión allá en el ’30, el famoso new deal, de Roosvelt que, además, nos va a ayudar a nosotros, a los argentinos, a seguir dotándonos de la infraestructura económica y social que tanta falta nos hace, pero que también y al mismo tiempo, nos va a permitir mantener el nivel de actividad económica que es mantener el empleo de los argentinos.” La pregunta es si, siguiendo a Roosevelt, el gobierno argentino va a profundizar el control de capitales, continuará con el esquema de subsidios cruzados para evitar sincerar la economía, expropiará los dólares de los bancos privados entregándoles “certificados de dólares” del mismo modo que el presidente norteamericano hizo con el oro en los años ‘30, y seguirá una política de intervención creciente en las industrias. La ventaja con la que cuentan los payasos nacionales es que ellos pudieron cambiar a los jueces de la Corte Suprema, mientras que Roosevelt no. Estado Nacional y Popular 1; Constitución 0.

Pero el problema se agrava cuando los individuos que conforman la sociedad, anestesiados por el barniz de legitimidad con que el gobierno pretende embadurnar sus acciones, no reaccionan en defensa de sus derechos. Somos víctimas de los dictadores que se amparan en su origen democrático para llevar a cabo cualquier medida que se les ocurra, aunque contradiga el texto constitucional. La gran mentira que el gobierno nos quiere vender es que “ése es el gran mandante, la urna, la voluntad popular de las sociedades democráticas.” Mi vida no es democrática, y nadie tiene derecho a tomar decisiones por mí. La solución no está en incorporar más gente a las instancias decisorias de la política, sino en quitarle a la política la facultad de decidir por la gente. No quiero más representantes que hablen por mí, ni encuestas que me consulten sobre qué es lo que hay que hacer. No es cuestión de llegar a consensos para que la mayoría imponga cuál es la manera de proceder. La república, que en teoría nuestro país es, consiste en la defensa del derecho de cada uno de actuar de manera individual, de acuerdo a los propios valores, ideas y pasiones.

“Si prefieres el bienestar a la libertad, la tranquilidad de la servidumbre al animado desafío de ser libre, vete en paz a tu casa. No te pedimos tu consejo ni tu apoyo. Inclínate y lava la mano que te alimenta. Que tus cadenas sean livianas, y que la posteridad olvide que fuiste nuestro compatriota.”
Samuel Adams

Charla de Café V

La siguiente es una charla imaginaria entre la Primer PresidentA Electa de todos los argentinos (CFK), Jean Baptiste Say (JBS) y Nathaniel Branden (NB).

CFK: Déjenme decirles que es un día muy especial para mí hoy, estar aquí otra vez, junto a ustedes. La cuestión: América latina, todo un tema; no somos el continente más pobre, somos el más injusto, en donde más inequitativamente se distribuye el ingreso, chicos con desnutrición con padres sin trabajo, pero al mismo tiempo otros absolutamente con todo lo que le falta a las mayorías. Dicen que en economía lo que les falta a unos, es lo que les sobra a otros. Así que me parece que abordar el problema es un tema más que importante.

JBS: Todos creen que lo que gana un particular, lo pierde necesariamente otro; y que lo que gana un país, lo pierde otro inevitablemente, como si las cosas no fuesen susceptibles de crecer en valor, y como si la propiedad de muchos particulares no pudiese aumentarse sin despojar de ella a nadie. Si unos no pudiesen enriquecerse sino a expensas de otros, ¿cómo podrían todos los particulares de que se compone un Estado ser al mismo tiempo más ricos en una época que en otra? ¿Cómo serían al mismo tiempo más opulentas todas las naciones en nuestros días, y estarían más provistas de todo que en el siglo VII? ¿De dónde habrían sacado las riquezas que ahora poseen, y que entonces no estaban en parte alguna? Es evidente que estos son valores creados.

CFK: No es que estemos en contra de la rentabilidad, todos queremos ganar plata, el que trabaja, el que agacha el lomo también quiere ganar plata porque quiere una mejor casa, porque quiere mejores estudios para sus hijos, porque quiere lograr comprarse una camioneta, a lo mejor, el tractor. Todos queremos ganar, pero también tenemos que saber que no puede ser que algunos se ganen todo, a costa de que otros no tengan nada.

JBS: El valor que atribuyen los hombres a las cosas, tiene su primer fundamento en el uso que pueden hacer de ellas. Unas sirven de alimento, otras de vestido; unas nos defienden del rigor del clima, como las casas…

CFK: Hoy no hay viento por suerte, hay un sol fantástico, un día divino.

JBS: …Otras, como los adornos y los muebles preciosos, satisfacen nuestros gustos que son una especie de necesidad, o lisonjean nuestra vanidad, la cual puede colocarse también en el número de nuestras necesidades. Siempre es cierto que los hombres dan valor a una cosa en razón de sus usos, y que desprecian absolutamente lo que de nada sirve. Permítaseme, llamar utilidad a la facultad que tienen ciertas cosas de poder satisfacer las diversas necesidades de los hombres. Diré que crear objetos que tienen una utilidad, cualquiera que sea, es crear riquezas, supuesto que la utilidad de estas cosas es el primer fundamento de su valor, y que su valor es una riqueza. La producción no es una creación de materia, sino de utilidad, la cual no se mide por la longitud, volumen o peso del producto, sino por la utilidad que en él se encuentra. Concluyamos pues que las riquezas, las cuales consisten en el valor que da a las cosas la industria humana por medio de los agentes naturales, pueden crearse, destruirse, aumentarse y disminuirse en el seno mismo de cada nación e independientemente de toda comunicación exterior, según el medio que se adopta para producir estos efectos: verdad importante, supuesto que pone al alcance de los hombres los bienes que con tanta razón codician, siempre que sepan y quieran emplear los medios conducentes para obtenerlos.

CFK: ¿Cuál ha sido la lógica del capitalismo?

JBS: El hombre cuya industria se aplica a dar valor a las cosas, disponiéndolas de modo que tengan un uso cualquiera que sea, no puede esperar que sea apreciado y pagado este valor sino donde haya otros hombres que tengan medios para adquirirle. ¿Y en qué consisten estos medios? En otros valores y productos, fruto de su industria, de sus capitales y de sus tierras: de donde resulta, aunque a primera vista parezca una paradoja, que la producción es la que da salida a los productos. Conviene observar, que un producto creado ofrece, desde este instante, una salida a otros productos por todo el importe de su valor. En efecto, cuando el último productor ha terminado un producto, lo que más desea es venderle, para que su valor no esté ocioso en sus manos. Pero no tiene menor impaciencia por deshacerse del dinero que le proporciona su venta, para que el valor del dinero no esté tampoco ocioso: y como nadie puede deshacerse, de su dinero sino tratando de comprar un producto, cualquiera que sea, se ve que el solo hecho de la formación de un producto abre desde este mismo instante la salida a otros. La primera consecuencia que se puede deducir de esta importante verdad, es, que en todo estado, cuanto más se multiplican los productores y las producciones, tanto más fáciles, variadas y vastas serán las salidas, y por un resultado muy natural serán más lucrativas, porque los pedidos dan una subida a los precios. La segunda consecuencia del mismo principio es que cada particular está interesado en la prosperidad de todos, y que la prosperidad de un género de industria es favorable a la de todos los demás. En efecto, cualquiera que sea la industria que se cultive, y la habilidad que se ejerza tanto más fácil es emplearlas y sacar ventajas de ellas cuanto mayor es el número de personas que ganan en el paraje donde se cultivan o ejercen. ¿Qué haría un fabricante activo, o un negociante hábil en una ciudad poco poblada y mal civilizada? Aun cuando no tuviese allí ningún competidor, vendería poco, porque es poco lo que en ellas se produce; al paso que en París, en Amsterdam y en Londres, a pesar de la concurrencia de cien mercaderes como él podrá hacer inmensos negocios por la sencilla razón de que está rodeado de gentes que producen mucho en una multitud de ramos, y hacen compras con lo que han producido, esto es con el dinero procedente de la venta de lo que han producido.

CFK: En el 2003 arrancamos en un modelo político, cultural, económico, social diferente. Nos miraban de reojo, a lo mejor son nostálgicos, nos dieron palos durante tantos años diciendo que estábamos equivocados en lo que estábamos haciendo, querían liberalismo, era lo que regía el mundo, y miren ahora, no es para solazarse, simplemente para dejar de ser tontos y aprender a valorarnos a nosotros mismos. Hoy ya no pueden hablar del efecto caipirinha o del efecto tequila, del efecto arroz, o del efecto que siempre denotaba que la crisis venía de los países emergentes hacia el centro. Hoy, si tuviéramos que ponerle un nombre, deberíamos decir tal vez el efecto jazz, el efecto que va desde el centro de la primera economía del mundo y se expande hacia todo el mundo. No nos pone contentos ni alegres esta situación, por el contrario, la consideramos también una oportunidad histórica para poder revisar comportamientos y políticas, porque se nos dijo a los países de la región de la América del Sur, durante la vigencia del Consenso de Washington, que el mercado todo lo solucionaba, que el Estado no era necesario, que el intervencionismo estatal era nostalgias de grupos que no habían comprendido cómo había evolucionado la economía. Mi país, la República Argentina, que de seguir creciendo a las tasas que lo ha venido haciendo desde el año 2003, este año cumpliría el ciclo de crecimiento económico más importante de sus casi 200 años de historia, ha sostenido siempre la necesidad de la presencia de un Estado, fundamentalmente porque el mercado no asigna recursos a los sectores más vulnerables y porque concebimos al Estado como un articulador entre los intereses de la sociedad y, precisamente, los intereses del mercado. No solamente creemos que entonces ha sido correcta la estrategia, sino que esencialmente se hace imprescindible la revisación por parte de todos nosotros, con mucho ejercicio de humildad intelectual, de lo que está pasando fundamentalmente hoy en los mercados, y cuáles son las soluciones para superar esta situación.

NB: Es característico de los enemigos del capitalismo denunciarlo por males que, en realidad, no son el resultado del capitalismo sino del estatismo: males que resultan y son posibles sólo por la intervención gubernamental en la economía.

JBS: En materias de administración los grandes males proceden de las falsas nociones que se forman acerca de la naturaleza de las cosas, y de las falsas reglas que se establecen a consecuencia de esto. Entonces se hace el mal en grande, y se disparata sistemáticamente.

NB: Los partidarios del estatismo repetidamente afirman que las depresiones (el fenómeno del así llamado ciclo económico, de auge y caída) son inherentes al laissez-faire; y que el gran colapso fue la prueba cabal del fracaso de una economía no regulada de mercado libre. ¿Cuál es la verdad de la cuestión? Una depresión es una declinación en gran escala de la producción y del comercio; está caracterizada por una caída aguda en la producción, en la inversión, en el empleo y en el valor del activo fijo (plantas, maquinaria, etc). Una depresión abarca una contracción en todo el ámbito nacional de la actividad comercial y una disminución general en el valor de los activos de proporciones mayúsculas. No hay nada en la naturaleza de una economía de libre mercado que pueda provocar tal situación. Los reajustes de la actividad económica, las transferencias de capital y de trabajo de una industria a otra debido a condiciones cambiantes ocurren constantemente dentro del capitalismo. Esto es inherente al proceso de actividad, crecimiento y progreso que caracteriza al capitalismo. Pero siempre existe la posibilidad de obtener provechos en un campo u otro, siempre hay necesidad y demanda de bienes y todo lo que puede cambiar es el tipo de bienes que se torna más provechoso producir. En una economía libre que funciona con patrón oro, la inversión improductiva está severamente limitada; la especulación injustificada no se incrementa en forma desenfrenada hasta que engulle a la nación entera. Los principios que gobiernan la oferta monetaria funcionan para impedir la inversión injustificada. Los bancos funcionan como una casa de compensación de inversiones, invirtiendo los ahorros de sus clientes en aquellas empresas que prometen ser más exitosas. Los bancos no tienen fondos ilimitados para prestar; están limitados en el crédito que pueden otorgar por el monto de sus reservas de oro. Para seguir siendo exitosos, para hacer ganancias y así atraer los ahorros de los inversionistas, los bancos deben hacer sus préstamos juiciosamente: deben buscar esas alternativas que juzgan más atinadas y potencialmente más provechosas. Si, en un período de especulación creciente, los bancos enfrentan un número desmesurado de demandas de préstamos, en respuesta a su escasa disponibilidad de dinero, (a) suben sus tasas de interés; y (b) analizan más severamente los riesgos de las inversiones para las cuales se piden los préstamos. Como consecuencia, se hace más difícil conseguir fondos y hay una contracción y reducción temporal de la inversión empresaria. Las compañías que se involucraron en aventuras antieconómicas, ahora incapaces de obtener más créditos, se ven en la obligación de cerrar sus puertas; se detiene el eventual derroche de los factores de producción y se liquidan los errores económicos. En el peor de los casos, la economía puede experimentar una recesión suave, es decir una leve reducción general de la inversión y la producción. En una economía no regulada, los reajustes ocurren muy rápidamente y entonces la producción y la inversión repuntan de forma veloz. La recesión temporaria no es dañina sino beneficiosa; ella da cuenta de un sistema económico en proceso de corregir sus errores, de reducir la enfermedad y de regresar a la salud. El impacto de tal recesión puede ser significativo en algunas industrias, pero no destruye la economía en su totalidad. Una depresión nacional, como ocurrió en Estados Unidos, no habría sido posible en una sociedad integralmente libre. Sucedió sólo por la intervención gubernamental en la economía; mejor dicho, por la manipulación estatal de la oferta monetaria.

JBS: Tales son las consecuencias de una producción decadente. Sus remedios deben buscarse en la economía, en la actividad bien entendida, y en la libertad.

NB: La política del gobierno consistió, en esencia, en anestesiar a los mecanismos reguladores, inherentes al sistema de banca libre, que previenen la especulación desbocada y el consiguiente colapso económico. Toda intervención gubernamental en la economía se basa en la creencia de que las leyes económicas no operan, que los principios de causa y efecto pueden ser suspendidos, que todo en la existencia es flexible y manipulable, excepto el capricho de un burócrata, quien es omnipotente; no debe permitirse que la realidad, la lógica y la economía se interpongan en su camino.

CFK: Me parece que son épocas donde van a cambiar los paradigmas, donde vamos a tener que revisar, conceptos, no para rasgarnos las vestiduras ni decir yo tenía razón, no se trata de quién tiene razón, sino se trata de identificar cuáles son las causas de esta situación que estamos viviendo, e identificadas esas causas, removerlas, cambiarlas y empezar a hacer una cosa diferente.

NB: La Reserva Federal se impuso liberar a los bancos privados de las limitaciones impuestas sobre ellos con la fijación del monto de sus reservas individuales, liberando las leyes del mercado y arrogar a los funcionarios públicos el derecho a decidir cuánto crédito deseaban que estuviera disponible y en qué momentos. Una política de dinero barato fue la meta e idea orientadora de estos funcionarios. Los bancos ya no estarían limitados a hacer préstamos por la magnitud de sus respaldos en oro. Las tasas de interés ya nunca más crecerían en respuesta a la especulación y a las demandas de fondos. El crédito debía estar fácilmente disponible hasta y a menos que la Reserva Federal decidiese lo contrario. El gobierno arguyó que asumiendo el control del dinero, poniendo el crédito fuera de las manos de los banqueros privados y contrayendo o expandiendo el crédito a voluntad, guiado por otras consideraciones que aquellas que influencian a los banqueros egoístas, podrían hacer, en conjunción con otras políticas intervencionistas, un control de la inversión para garantizar un estado de prosperidad virtualmente constante. Muchos burócratas creyeron que el gobierno podría mantener la economía en un estado de auge inacabable. A lo largo de la mayor parte de la década, el gobierno obligó a los bancos a mantener tasas de interés artificial y antieconómicamente bajas. Como consecuencia, se invirtió dinero en todo tipo de aventuras especulativas. Las señales de alerta del peligro eran claramente visibles: la inversión injustificada estaba incontrolada y las acciones fueron progresivamente sobrevaloradas. El gobierno escogió ignorar estas acciones de peligro. Un sistema de banca libre se habría visto obligado, por necesidad económica, a frenar este proceso de especulación desbocada. Sin embargo, se había abandonado la anarquía de un sistema de banca libre, a favor de la iluminada planificación gubernamental.

CFK: Reitero, no es para poner el rol de fiscal con dedo admonitorio, al contrario, simplemente comprender por qué suceden las cosas y a partir de eso diseñar nuevos instrumentos.

NB: Se extendió el crédito en un promiscuo abandono, sobre la premisa de que de alguna manera los bienes estarían allí para respaldarlo. Pero A es A y la realidad no es infinitamente elástica. El colapso se había vuelto inevitable; pero cuando la noticia de la quiebra del primer banco y de los fracasos comerciales comenzaron a propagarse, la gente comenzó a vender sus acciones, esperando salir del mercado con sus ganancias, o poder obtener el dinero que en forma repentina necesitaron pagar para los préstamos bancarios que les estaban siendo reclamados; y otra gente, viendo esto, con aprensión comenzó a vender sus acciones; y, virtualmente de la noche a la mañana, una avalancha tiró abajo la Bolsa de Valores, los precios colapsaron, las acciones carecieron de valor, los préstamos fueron suspendidos, muchos de ellos no pudieron ser entregados y los valores del activo cayeron en picada. La ley de causalidad se había vengado.

CFK: Es para mí muy grato estar aquí hoy junto a ustedes, intercambiar opiniones y reflexionar acerca de estas cuestiones. Hay que sentarse y pensar, lo que pasa es que muchas veces es más fácil criticar o agraviar, pero siempre vamos a seguir apostando a pensar y a trabajar, porque cuando uno piensa y trabaja finalmente encuentra la solución. Gracias y buenas tardes.

Fuentes:

Jorge Valín sobre la crisis internacional

En la sección Artículos para recordar hay un excelente artículo donde Jorge Valín se pregunta si podemos pedir a los mismos Estados que nos metieron en el problema pueden salvarnos del mismo.


El Hombre Olvidado

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