El rol del Estado

Llegó al Centro Municipal de Viedma, Río Negro, vestida de celeste y blanco. Cual bandera viviente, se encaminó con su bamboleo habitual al micrófono. Frunció el ceño, apretó los labios, y con su ya tan familiar cara de constipación anunció: “aquí en Río Negro hoy me sentí como en casa, estoy en casa, estoy en Patagonia, que no es solamente una región geográfica, no es solamente un lugar en el mapa”. Los aplausos no se hicieron esperar, el público rugía enardecido: había comenzado un nuevo discurso presidencial.

“La importancia insustituible e irreemplazable del rol del Estado” fue el tema central de la alocución: “Yo les hablaba del modelo del Estado, de un modelo que durante mucho tiempo, durante décadas, fue denostado en el mundo, nos acusaban de nostálgicos, de intervencionistas, de que no respetábamos las reglas del mercado, cuando en realidad lo que siempre hemos promovido es la articulación entre lo público y lo privado, pero sabiendo del rol indelegable e insustituible que tiene que cumplir el Estado cuidando, controlando y regulando, para que la sociedad entera pueda ser también promovida, y que la generación de riqueza no sea solamente para unos pocos mientras el resto pone la ñata contra el vidrio, esto es importante remarcarlo.” Querido lector, ¿ya se ha recuperado del ataque de carcajadas? ¿Ha secado las lágrimas de sus ojos? Es que, con frases como éstas, a lo único a lo que puede (pro)mover el Estado a los ciudadanos es a la risa o al llanto.

En su autobiografía, Daniel Barenboim escribió: “En realidad, los austríacos son el pueblo más astuto del mundo: ¡han logrado convertir a Beethoven en austríaco y a Hitler en alemán!” Una alquimia parecida es la que la izquierda ha llevado a cabo con la crisis actual: la causa es el liberalismo, por lo que la solución debe buscarse en el Estado. No fue la política monetaria expansiva, ni las regulaciones que obligaban a los bancos a otorgar créditos a personas insolventes. No fueron las medidas populacheras y cortoplacistas para mantener a la muchachada contenta las que desencadenaron esta crisis. Fue todo idea de los banqueros, los tomadores de créditos y los especuladores de la bolsa, quienes libremente decidieron que era hora de quebrar, abandonar sus hogares y perder millones, para darle un poco de emoción a sus vidas.

En los últimos días, nuestra PrimerA PresidentA electa, se ha dedicado a repetir a quien quisiera escucharla que el Estado tiene un rol fundamental que cumplir en la vida en sociedad. El problema está en cuál es ese rol. Porque en la Argentina, el aparato estatal está involucrado en tantas actividades que deja de cumplir la única que justifica su existencia: proveer seguridad. El Estado simplemente existe para que nadie sea juez y parte, de forma que las facciones no puedan oprimir los derechos individuales. La razón de ser del Estado y de su organización republicana es que ninguna mayoría pueda imponerse a las minorías. No hay necesidad de articular, ni promover ni desarrollar nada; cada uno es capaz de cuidarse, controlarse y regularse a sí mismo. Éstas son justamente las “reglas del mercado”: dejar que cada uno busque su propia felicidad como le plazca, siempre y cuando no impida a nadie más hacerlo. En el camino habrá equivocaciones y aciertos, pero la responsabilidad siempre debe ser asumida por el individuo libre.

Sin embargo, la óptica del gobierno K es totalmente opuesta, tal como sostuvo la Barbie del subdesarrollo: “En este momento de crisis internacional, nuestro deber como dirigentes políticos de la Argentina, es cuidar el trabajo de los argentinos, cuidar la inversión de nuestros empresarios y de nuestros comerciantes.” Y por lo tanto, van a seguir ahogándonos con los impuestos para aumentar el gasto público y mantener a la patria choripanera de su lado, negando la inflación, cerrándonos al mundo a partir del aumento de los aranceles y, si le hacen caso a “sus” empresarios de la UIA, bajando nuestro poder adquisitivo con una nueva devaluación. ¡Y van por más! “Fue hace muchos años también cuando hubo una gran depresión allá en el ’30, el famoso new deal, de Roosvelt que, además, nos va a ayudar a nosotros, a los argentinos, a seguir dotándonos de la infraestructura económica y social que tanta falta nos hace, pero que también y al mismo tiempo, nos va a permitir mantener el nivel de actividad económica que es mantener el empleo de los argentinos.” La pregunta es si, siguiendo a Roosevelt, el gobierno argentino va a profundizar el control de capitales, continuará con el esquema de subsidios cruzados para evitar sincerar la economía, expropiará los dólares de los bancos privados entregándoles “certificados de dólares” del mismo modo que el presidente norteamericano hizo con el oro en los años ‘30, y seguirá una política de intervención creciente en las industrias. La ventaja con la que cuentan los payasos nacionales es que ellos pudieron cambiar a los jueces de la Corte Suprema, mientras que Roosevelt no. Estado Nacional y Popular 1; Constitución 0.

Pero el problema se agrava cuando los individuos que conforman la sociedad, anestesiados por el barniz de legitimidad con que el gobierno pretende embadurnar sus acciones, no reaccionan en defensa de sus derechos. Somos víctimas de los dictadores que se amparan en su origen democrático para llevar a cabo cualquier medida que se les ocurra, aunque contradiga el texto constitucional. La gran mentira que el gobierno nos quiere vender es que “ése es el gran mandante, la urna, la voluntad popular de las sociedades democráticas.” Mi vida no es democrática, y nadie tiene derecho a tomar decisiones por mí. La solución no está en incorporar más gente a las instancias decisorias de la política, sino en quitarle a la política la facultad de decidir por la gente. No quiero más representantes que hablen por mí, ni encuestas que me consulten sobre qué es lo que hay que hacer. No es cuestión de llegar a consensos para que la mayoría imponga cuál es la manera de proceder. La república, que en teoría nuestro país es, consiste en la defensa del derecho de cada uno de actuar de manera individual, de acuerdo a los propios valores, ideas y pasiones.

“Si prefieres el bienestar a la libertad, la tranquilidad de la servidumbre al animado desafío de ser libre, vete en paz a tu casa. No te pedimos tu consejo ni tu apoyo. Inclínate y lava la mano que te alimenta. Que tus cadenas sean livianas, y que la posteridad olvide que fuiste nuestro compatriota.”
Samuel Adams

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