Charla de Café V

La siguiente es una charla imaginaria entre la Primer PresidentA Electa de todos los argentinos (CFK), Jean Baptiste Say (JBS) y Nathaniel Branden (NB).

CFK: Déjenme decirles que es un día muy especial para mí hoy, estar aquí otra vez, junto a ustedes. La cuestión: América latina, todo un tema; no somos el continente más pobre, somos el más injusto, en donde más inequitativamente se distribuye el ingreso, chicos con desnutrición con padres sin trabajo, pero al mismo tiempo otros absolutamente con todo lo que le falta a las mayorías. Dicen que en economía lo que les falta a unos, es lo que les sobra a otros. Así que me parece que abordar el problema es un tema más que importante.

JBS: Todos creen que lo que gana un particular, lo pierde necesariamente otro; y que lo que gana un país, lo pierde otro inevitablemente, como si las cosas no fuesen susceptibles de crecer en valor, y como si la propiedad de muchos particulares no pudiese aumentarse sin despojar de ella a nadie. Si unos no pudiesen enriquecerse sino a expensas de otros, ¿cómo podrían todos los particulares de que se compone un Estado ser al mismo tiempo más ricos en una época que en otra? ¿Cómo serían al mismo tiempo más opulentas todas las naciones en nuestros días, y estarían más provistas de todo que en el siglo VII? ¿De dónde habrían sacado las riquezas que ahora poseen, y que entonces no estaban en parte alguna? Es evidente que estos son valores creados.

CFK: No es que estemos en contra de la rentabilidad, todos queremos ganar plata, el que trabaja, el que agacha el lomo también quiere ganar plata porque quiere una mejor casa, porque quiere mejores estudios para sus hijos, porque quiere lograr comprarse una camioneta, a lo mejor, el tractor. Todos queremos ganar, pero también tenemos que saber que no puede ser que algunos se ganen todo, a costa de que otros no tengan nada.

JBS: El valor que atribuyen los hombres a las cosas, tiene su primer fundamento en el uso que pueden hacer de ellas. Unas sirven de alimento, otras de vestido; unas nos defienden del rigor del clima, como las casas…

CFK: Hoy no hay viento por suerte, hay un sol fantástico, un día divino.

JBS: …Otras, como los adornos y los muebles preciosos, satisfacen nuestros gustos que son una especie de necesidad, o lisonjean nuestra vanidad, la cual puede colocarse también en el número de nuestras necesidades. Siempre es cierto que los hombres dan valor a una cosa en razón de sus usos, y que desprecian absolutamente lo que de nada sirve. Permítaseme, llamar utilidad a la facultad que tienen ciertas cosas de poder satisfacer las diversas necesidades de los hombres. Diré que crear objetos que tienen una utilidad, cualquiera que sea, es crear riquezas, supuesto que la utilidad de estas cosas es el primer fundamento de su valor, y que su valor es una riqueza. La producción no es una creación de materia, sino de utilidad, la cual no se mide por la longitud, volumen o peso del producto, sino por la utilidad que en él se encuentra. Concluyamos pues que las riquezas, las cuales consisten en el valor que da a las cosas la industria humana por medio de los agentes naturales, pueden crearse, destruirse, aumentarse y disminuirse en el seno mismo de cada nación e independientemente de toda comunicación exterior, según el medio que se adopta para producir estos efectos: verdad importante, supuesto que pone al alcance de los hombres los bienes que con tanta razón codician, siempre que sepan y quieran emplear los medios conducentes para obtenerlos.

CFK: ¿Cuál ha sido la lógica del capitalismo?

JBS: El hombre cuya industria se aplica a dar valor a las cosas, disponiéndolas de modo que tengan un uso cualquiera que sea, no puede esperar que sea apreciado y pagado este valor sino donde haya otros hombres que tengan medios para adquirirle. ¿Y en qué consisten estos medios? En otros valores y productos, fruto de su industria, de sus capitales y de sus tierras: de donde resulta, aunque a primera vista parezca una paradoja, que la producción es la que da salida a los productos. Conviene observar, que un producto creado ofrece, desde este instante, una salida a otros productos por todo el importe de su valor. En efecto, cuando el último productor ha terminado un producto, lo que más desea es venderle, para que su valor no esté ocioso en sus manos. Pero no tiene menor impaciencia por deshacerse del dinero que le proporciona su venta, para que el valor del dinero no esté tampoco ocioso: y como nadie puede deshacerse, de su dinero sino tratando de comprar un producto, cualquiera que sea, se ve que el solo hecho de la formación de un producto abre desde este mismo instante la salida a otros. La primera consecuencia que se puede deducir de esta importante verdad, es, que en todo estado, cuanto más se multiplican los productores y las producciones, tanto más fáciles, variadas y vastas serán las salidas, y por un resultado muy natural serán más lucrativas, porque los pedidos dan una subida a los precios. La segunda consecuencia del mismo principio es que cada particular está interesado en la prosperidad de todos, y que la prosperidad de un género de industria es favorable a la de todos los demás. En efecto, cualquiera que sea la industria que se cultive, y la habilidad que se ejerza tanto más fácil es emplearlas y sacar ventajas de ellas cuanto mayor es el número de personas que ganan en el paraje donde se cultivan o ejercen. ¿Qué haría un fabricante activo, o un negociante hábil en una ciudad poco poblada y mal civilizada? Aun cuando no tuviese allí ningún competidor, vendería poco, porque es poco lo que en ellas se produce; al paso que en París, en Amsterdam y en Londres, a pesar de la concurrencia de cien mercaderes como él podrá hacer inmensos negocios por la sencilla razón de que está rodeado de gentes que producen mucho en una multitud de ramos, y hacen compras con lo que han producido, esto es con el dinero procedente de la venta de lo que han producido.

CFK: En el 2003 arrancamos en un modelo político, cultural, económico, social diferente. Nos miraban de reojo, a lo mejor son nostálgicos, nos dieron palos durante tantos años diciendo que estábamos equivocados en lo que estábamos haciendo, querían liberalismo, era lo que regía el mundo, y miren ahora, no es para solazarse, simplemente para dejar de ser tontos y aprender a valorarnos a nosotros mismos. Hoy ya no pueden hablar del efecto caipirinha o del efecto tequila, del efecto arroz, o del efecto que siempre denotaba que la crisis venía de los países emergentes hacia el centro. Hoy, si tuviéramos que ponerle un nombre, deberíamos decir tal vez el efecto jazz, el efecto que va desde el centro de la primera economía del mundo y se expande hacia todo el mundo. No nos pone contentos ni alegres esta situación, por el contrario, la consideramos también una oportunidad histórica para poder revisar comportamientos y políticas, porque se nos dijo a los países de la región de la América del Sur, durante la vigencia del Consenso de Washington, que el mercado todo lo solucionaba, que el Estado no era necesario, que el intervencionismo estatal era nostalgias de grupos que no habían comprendido cómo había evolucionado la economía. Mi país, la República Argentina, que de seguir creciendo a las tasas que lo ha venido haciendo desde el año 2003, este año cumpliría el ciclo de crecimiento económico más importante de sus casi 200 años de historia, ha sostenido siempre la necesidad de la presencia de un Estado, fundamentalmente porque el mercado no asigna recursos a los sectores más vulnerables y porque concebimos al Estado como un articulador entre los intereses de la sociedad y, precisamente, los intereses del mercado. No solamente creemos que entonces ha sido correcta la estrategia, sino que esencialmente se hace imprescindible la revisación por parte de todos nosotros, con mucho ejercicio de humildad intelectual, de lo que está pasando fundamentalmente hoy en los mercados, y cuáles son las soluciones para superar esta situación.

NB: Es característico de los enemigos del capitalismo denunciarlo por males que, en realidad, no son el resultado del capitalismo sino del estatismo: males que resultan y son posibles sólo por la intervención gubernamental en la economía.

JBS: En materias de administración los grandes males proceden de las falsas nociones que se forman acerca de la naturaleza de las cosas, y de las falsas reglas que se establecen a consecuencia de esto. Entonces se hace el mal en grande, y se disparata sistemáticamente.

NB: Los partidarios del estatismo repetidamente afirman que las depresiones (el fenómeno del así llamado ciclo económico, de auge y caída) son inherentes al laissez-faire; y que el gran colapso fue la prueba cabal del fracaso de una economía no regulada de mercado libre. ¿Cuál es la verdad de la cuestión? Una depresión es una declinación en gran escala de la producción y del comercio; está caracterizada por una caída aguda en la producción, en la inversión, en el empleo y en el valor del activo fijo (plantas, maquinaria, etc). Una depresión abarca una contracción en todo el ámbito nacional de la actividad comercial y una disminución general en el valor de los activos de proporciones mayúsculas. No hay nada en la naturaleza de una economía de libre mercado que pueda provocar tal situación. Los reajustes de la actividad económica, las transferencias de capital y de trabajo de una industria a otra debido a condiciones cambiantes ocurren constantemente dentro del capitalismo. Esto es inherente al proceso de actividad, crecimiento y progreso que caracteriza al capitalismo. Pero siempre existe la posibilidad de obtener provechos en un campo u otro, siempre hay necesidad y demanda de bienes y todo lo que puede cambiar es el tipo de bienes que se torna más provechoso producir. En una economía libre que funciona con patrón oro, la inversión improductiva está severamente limitada; la especulación injustificada no se incrementa en forma desenfrenada hasta que engulle a la nación entera. Los principios que gobiernan la oferta monetaria funcionan para impedir la inversión injustificada. Los bancos funcionan como una casa de compensación de inversiones, invirtiendo los ahorros de sus clientes en aquellas empresas que prometen ser más exitosas. Los bancos no tienen fondos ilimitados para prestar; están limitados en el crédito que pueden otorgar por el monto de sus reservas de oro. Para seguir siendo exitosos, para hacer ganancias y así atraer los ahorros de los inversionistas, los bancos deben hacer sus préstamos juiciosamente: deben buscar esas alternativas que juzgan más atinadas y potencialmente más provechosas. Si, en un período de especulación creciente, los bancos enfrentan un número desmesurado de demandas de préstamos, en respuesta a su escasa disponibilidad de dinero, (a) suben sus tasas de interés; y (b) analizan más severamente los riesgos de las inversiones para las cuales se piden los préstamos. Como consecuencia, se hace más difícil conseguir fondos y hay una contracción y reducción temporal de la inversión empresaria. Las compañías que se involucraron en aventuras antieconómicas, ahora incapaces de obtener más créditos, se ven en la obligación de cerrar sus puertas; se detiene el eventual derroche de los factores de producción y se liquidan los errores económicos. En el peor de los casos, la economía puede experimentar una recesión suave, es decir una leve reducción general de la inversión y la producción. En una economía no regulada, los reajustes ocurren muy rápidamente y entonces la producción y la inversión repuntan de forma veloz. La recesión temporaria no es dañina sino beneficiosa; ella da cuenta de un sistema económico en proceso de corregir sus errores, de reducir la enfermedad y de regresar a la salud. El impacto de tal recesión puede ser significativo en algunas industrias, pero no destruye la economía en su totalidad. Una depresión nacional, como ocurrió en Estados Unidos, no habría sido posible en una sociedad integralmente libre. Sucedió sólo por la intervención gubernamental en la economía; mejor dicho, por la manipulación estatal de la oferta monetaria.

JBS: Tales son las consecuencias de una producción decadente. Sus remedios deben buscarse en la economía, en la actividad bien entendida, y en la libertad.

NB: La política del gobierno consistió, en esencia, en anestesiar a los mecanismos reguladores, inherentes al sistema de banca libre, que previenen la especulación desbocada y el consiguiente colapso económico. Toda intervención gubernamental en la economía se basa en la creencia de que las leyes económicas no operan, que los principios de causa y efecto pueden ser suspendidos, que todo en la existencia es flexible y manipulable, excepto el capricho de un burócrata, quien es omnipotente; no debe permitirse que la realidad, la lógica y la economía se interpongan en su camino.

CFK: Me parece que son épocas donde van a cambiar los paradigmas, donde vamos a tener que revisar, conceptos, no para rasgarnos las vestiduras ni decir yo tenía razón, no se trata de quién tiene razón, sino se trata de identificar cuáles son las causas de esta situación que estamos viviendo, e identificadas esas causas, removerlas, cambiarlas y empezar a hacer una cosa diferente.

NB: La Reserva Federal se impuso liberar a los bancos privados de las limitaciones impuestas sobre ellos con la fijación del monto de sus reservas individuales, liberando las leyes del mercado y arrogar a los funcionarios públicos el derecho a decidir cuánto crédito deseaban que estuviera disponible y en qué momentos. Una política de dinero barato fue la meta e idea orientadora de estos funcionarios. Los bancos ya no estarían limitados a hacer préstamos por la magnitud de sus respaldos en oro. Las tasas de interés ya nunca más crecerían en respuesta a la especulación y a las demandas de fondos. El crédito debía estar fácilmente disponible hasta y a menos que la Reserva Federal decidiese lo contrario. El gobierno arguyó que asumiendo el control del dinero, poniendo el crédito fuera de las manos de los banqueros privados y contrayendo o expandiendo el crédito a voluntad, guiado por otras consideraciones que aquellas que influencian a los banqueros egoístas, podrían hacer, en conjunción con otras políticas intervencionistas, un control de la inversión para garantizar un estado de prosperidad virtualmente constante. Muchos burócratas creyeron que el gobierno podría mantener la economía en un estado de auge inacabable. A lo largo de la mayor parte de la década, el gobierno obligó a los bancos a mantener tasas de interés artificial y antieconómicamente bajas. Como consecuencia, se invirtió dinero en todo tipo de aventuras especulativas. Las señales de alerta del peligro eran claramente visibles: la inversión injustificada estaba incontrolada y las acciones fueron progresivamente sobrevaloradas. El gobierno escogió ignorar estas acciones de peligro. Un sistema de banca libre se habría visto obligado, por necesidad económica, a frenar este proceso de especulación desbocada. Sin embargo, se había abandonado la anarquía de un sistema de banca libre, a favor de la iluminada planificación gubernamental.

CFK: Reitero, no es para poner el rol de fiscal con dedo admonitorio, al contrario, simplemente comprender por qué suceden las cosas y a partir de eso diseñar nuevos instrumentos.

NB: Se extendió el crédito en un promiscuo abandono, sobre la premisa de que de alguna manera los bienes estarían allí para respaldarlo. Pero A es A y la realidad no es infinitamente elástica. El colapso se había vuelto inevitable; pero cuando la noticia de la quiebra del primer banco y de los fracasos comerciales comenzaron a propagarse, la gente comenzó a vender sus acciones, esperando salir del mercado con sus ganancias, o poder obtener el dinero que en forma repentina necesitaron pagar para los préstamos bancarios que les estaban siendo reclamados; y otra gente, viendo esto, con aprensión comenzó a vender sus acciones; y, virtualmente de la noche a la mañana, una avalancha tiró abajo la Bolsa de Valores, los precios colapsaron, las acciones carecieron de valor, los préstamos fueron suspendidos, muchos de ellos no pudieron ser entregados y los valores del activo cayeron en picada. La ley de causalidad se había vengado.

CFK: Es para mí muy grato estar aquí hoy junto a ustedes, intercambiar opiniones y reflexionar acerca de estas cuestiones. Hay que sentarse y pensar, lo que pasa es que muchas veces es más fácil criticar o agraviar, pero siempre vamos a seguir apostando a pensar y a trabajar, porque cuando uno piensa y trabaja finalmente encuentra la solución. Gracias y buenas tardes.

Fuentes:

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2 Responses to “Charla de Café V”


  1. 1 liondart octubre 15, 2008 en 12:32 pm

    Excelente, lamento no tener tiempo para leerlo todo. A grandes razgos solamente puedo hacer una acotación:

    Las riquezas no son infinitas, porque los recursos son finitos.
    Es el sistema global lo que debe ser replanteado. Acá esta mucho mejor explicado de lo que yo puedo explicarlo: http://www.storyofstuff.com

  2. 2 Laura octubre 15, 2008 en 11:11 pm

    Liondart:
    Justamente porque los recursos son finitos (principio de escasez) es que damos valor a las cosas. Al tener cada uno diferentes gustos y prioridades, el valor que atribuímos a las distintas cosas es subjetivo. Si hubiera “de todo para todos gratis” (J.C. De Pablo dixit), no existiría la economía. Lo que sí es infinito es el potencial humano para pensar y resolver los problemas que genera la escasez, de modo que los recursos puedan usarse de distintas maneras para producir diferentes bienes, y aumentar la productividad. Pero para que todo esto suceda, es esencial que los hombres vivan en libertad.
    Muchas Gracias por el comentario!!!


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