El ajusticiamiento social

“Quiero contarles que, tal vez, el mérito más grande y el ejemplo más grande que Manuel Belgrano puede darnos a nosotros, a todos los argentinos, y a ustedes que recién empiezan en la vida, es que él, cuando tuvo que elegir entre su vocación y el deber, eligió el deber. Ustedes se preguntarán qué significa esto de elegir entre la vocación y el deber. Cuando uno sigue su vocación, cualquiera, puede ser profesional, militar, docente, jardinero, su vocación, está haciendo lo que le gusta, lo que le satisface, lo que le da placer, lo que ha querido ser; cuando uno elige el deber es otra cosa, ya no es la satisfacción de uno mismo, ya no es el gusto personal. Cuando uno elige entre la vocación y el deber está eligiendo en el deber a los otros, al compromiso con la sociedad, al compromiso con el país, al compromiso con la Patria.”
Cristina Fernández de Kirchner

 

“La justificación del sacrificio que tu moral propone es más corrupta que la corrupción que intenta justificar. El motivo de tu sacrificio, te dice, debe ser el amor, el amor indiscriminado que debes sentir por todas y cada una de las personas. La misma moral que profesa que los valores del espíritu son más preciosos que la materia, que te enseña a despreciar a una prostituta que entrega su cuerpo indiscriminadamente a todos los hombres, te exige que entregues tu alma a un amor promiscuo cualquiera.

Así como no puede haber riqueza sin causa, tampoco puede haber amor sin causa o cualquier clase de emoción sin causa. Una emoción es una respuesta a un hecho de la realidad, una estimación dictada por tus parámetros. Amar es valorar. Quien diga que es posible valorar sin valores, amar a quienes consideramos despreciables, también sostendrá que es posible hacerse rico consumiendo sin producir y que el papel moneda es tan valioso como el oro.

Observa que ese hombre no espera que sientas un miedo sin causa. Cuando los de su calaña obtienen el poder, se vuelven expertos en la elaboración de métodos de terror, en darte buenos motivos para someterte al temor mediante el cual te gobiernan. Pero cuando se trata de amor, la más elevada de las emociones, les permites que te acusen a los gritos de delincuente moral por ser incapaz de sentir amor sin causa. Cuando un hombre injustificadamente tiene miedo lo llevas a un psiquiatra; pero no tienes tanto cuidado cuando se trata de proteger el significado, la naturaleza y la dignidad del amor.

El amor es la expresión de los propios valores, la mayor recompensa que podemos ganar por las cualidades morales que hemos cultivado en nuestra persona y en nuestro carácter, el precio emocional que pagamos por el placer que recibimos de las virtudes de otros seres humanos. Tu moral te exige que divorcies el amor de los valores y que se lo des a cualquier vagabundo, no como contrapartida de su valor, sino como contrapartida de su necesidad; no como recompensa, sino como limosna; no como pago por sus virtudes, sino como un cheque en blanco para sus vicios. Tu moral afirma que el propósito del amor es liberarte de las obligaciones de la moral, que el amor es superior al juicio moral; que el verdadero amor trasciende, perdona y sobrevive cualquier tipo de maldad, y cuanto mayor es el amor, mayor es la depravación que permite al ser amado.

Amar a alguien por sus virtudes es mezquino y humano, te dicen; amarlo por sus errores es divino. Amar a quienes lo merecen es egoísta; amar a quienes no lo merecen es sacrificio. Les debes tu amor a aquellos que no lo merecen, y cuanto menos lo merecen, más amor les debes; cuanto más despreciable es el objeto, más noble es tu amor; cuanto menos exigente sea tu amor, mayor será tu virtud; y si puedes hacer de tu alma un depósito de basura que acoja cualquier cosa por igual, si puedes dejar de estimar los valores morales, entonces habrás alcanzado el estado de perfección moral.

Tal es tu moral del sacrificio y tales son los ideales que ofrece: hacer del cuerpo un chiquero y del espíritu un alañal.”
Ayn Rand

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1 Response to “El ajusticiamiento social”


  1. 1 LA GAZ julio 16, 2008 en 4:11 pm

    la vocación es un llamado de Dios. Muchas veces la vocación te llama a lo que a uno no le agrada, pero no puede dejar de hacer, desar o tender. La vocación como llamado es como una carga. Muchas veces se confunde vocación con hacer lo que a uno le gusta. Creo que esa es la confusión que expresó la Crhilindrina Fernandez de Kirchner.


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