Charla de café III

Dada la prolífica semana experimentada por la Señora Presidente, presentamos otro diálogo imaginario entre los personajes de Charla de café II. Las fuentes utilizadas son las mismas.

 ML: Presidenta: la producción agropecuaria y su elaboración para agregar valor agregado es, sin duda, un elemento fundamental de la economía argentina y también una de las mayores posibilidades de crecimiento y mejora social que poseemos como país.

 CFK: El otro día charlaba con alguien y me decía que la soja es, en términos científicos, prácticamente un yuyo que crece sin ningún tipo, digamos, de cuidados especiales. Esto no está mal, no estoy haciendo una crítica a la “plantita” que tiene un altísimo valor proteico, similar a la carne, pero que no es del gusto ni de la dieta alimentaria de los argentinos. Un campo dedicado a la soja requiere 1 o 2 puestos de trabajo. El otro día alguien me hablaba de un campo en Capilla del Señor de 900 hectáreas, un campo importantísimo, con una altísima rentabilidad, según me decía su propietario y con 2 empleados.

 TS: Las personas que más me asustan son aquéllas que ni siquiera saben lo suficiente como para darse cuenta de lo poco que saben.

 ML: Nadie dice que la soja es mala, obviamente que algo que nos demanda el mundo y que nosotros podemos producir a muy buenos precios no tiene nada de malo per se, pero sí tiene profundos efectos en el resto de la actividad productiva. Desplaza y encarece otras actividades porque encarece el precio de la tierra; tiene efecto sobre el propio suelo como monocultivo; tiene un impacto laboral muy bajo. Lo que estamos diciendo es que no es lo mismo producir soja que leche y que si no cambiamos el rumbo que tenemos, a la larga lo que vamos a tener es menos leche, menos carne, menos trigo, menos maíz y mucho más caro para todos.

 TS: Como yo lo veo, las diferencias en los supuestos  sobre los que se construyen las ideas juegan un rol fundamental en la determinación de los desacuerdos con respecto a las políticas, principios o ideologías que se debieran favorecer. Si uno parte de la creencia de que la persona más sabia de la Tierra no posee ni siquiera el uno por ciento del conocimiento total del planeta, eso da por tierra con la ingeniería social, el planeamiento central de la economía, y otras innumerables ambiciones de la izquierda política. Si nadie tiene ni el uno por ciento del conocimiento actualmente disponible, sin contar el conocimiento aún por ser descubierto, la imposición desde arriba de las ideas diseñadas por las elites convencidas de su superioridad intelectual y moral es una fórmula para el desastre.

 ML: ¿Por qué utilizamos las retenciones y las compensaciones? Si nosotros tuviéramos que enfrentar los precios internacionales, como dije antes, los precios domésticos serían muchísimo más caros. Las retenciones, junto con las compensaciones, en las cuales el Estado lleva gastado 1.500 millones de pesos para contener la evolución, que tienen fuera los alimentos, implican que un vasto porcentaje de la población pueda acceder a los alimentos a los precios que les corresponde. Precisamente por eso es que el Gobierno Nacional utiliza el mecanismo de retenciones y compensaciones.

 TS: Es notable cuántas “soluciones” políticas actuales tratan de resolver problemas creados por “soluciones” políticas anteriores. El verdadero problema es que el incentivo político es gastar el dinero de los contribuyentes en cosas que mejoren las chances del político de ser reelecto.

 CFK: El precio internacional, no hace falta decirlo, ha subido, de todos los alimentos, de todos los comodities, lo cual nos obliga a un doble sistema a utilizar en la República Argentina: retenciones y compensaciones. Retenciones para evitar que el precio internacional nos dispare, nos vuele los precios internos de lo que consumimos los argentinos. No estamos, me parece, dispuestos a cambiar nuestra dieta alimentaria. Aún la totalidad de los productores, sean pequeños, medianos o grandes, aún con la retención tal cual se aplica, no tienen pérdidas o sea no pasa de ser una producción rentable a una producción que da pérdida. Esto quiero que quede muy claro, aún sin la compensación, aún sería rentable. Entonces, ¿qué es lo que estamos discutiendo hoy?

 JBA: Reglamentar la libertad no es encadenarla. Cuando la Constitución ha sujetado su ejercicio a reglas, no ha querido que estas reglas sean un medio de esclavizar su vuelo y movimientos, pues en tal caso la libertad sería una promesa mentirosa, y la Constitución libre en las palabras sería opresora en la realidad. Toda la cooperación que el Estado ha podido dar al progreso de nuestra riqueza debía consistir en la seguridad y en la defensa de las garantías protectoras de las vidas, personas, propiedades, industria y paz de sus habitantes. ¿A quién si no a la iniciativa privada es debida la opulencia de nuestra industria rural, que es el manantial de la fortuna del Estado y de los particulares? ¿Han hecho más por ella nuestros mejores Gobiernos, que la energía, perseverancia y buena conducta de nuestros agricultores afamados a justo título? La omnipotencia de la Patria, convertida fatalmente en omnipotencia del Gobierno en que ella se personaliza, es no solamente la negación de la libertad, sino también la negación del progreso social, porque ella suprime la iniciativa privada en la obra de ese progreso.

 TS: Si tomar nuestro dinero y derrocharlo (o, mejor dicho, usarlo para comprar votos) fueran todo el daño que los políticos hicieran a la economía, eso sería Utopía comparado con el daño que efectivamente ocasionan. Es más, los políticos creen encarnar las soluciones a nuestros problemas económicos, cuando de hecho ellos SON nuestro mayor problema económico.

 JBA: El Estado absorbe toda la actividad de los individuos, cuando tiene absorbidos todos sus medios y trabajos de mejoramiento. Para llevar a cabo la absorción, el Estado engancha en las filas de sus empleados a los individuos que serían más capaces entregados a sí mismos. En todo interviene el Estado y todo se hace por su iniciativa en la gestión de sus intereses públicos. El Estado se hace fabricante, constructor, empresario, banquero, comerciante, editor y se distrae así de su mandato esencial y único, que es proteger a los individuos de que se compone contra toda agresión interna y externa. En todas las funciones que no son de la esencia del Gobierno, obra como un ignorante y como un concurrente dañino de los particulares, empeorando el servicio del país, lejos de servirlo mejor. La materia o servicio de la administración pública se vuelve industria y oficio de vivir para la mitad de los individuos de que se compone la sociedad. El ejercicio de esa industria administrativa y política, que es mero oficio de vivir, toma el nombre de patriotismo, pues toma el aire de servicio a la Patria el servicio que cada individuo se hace hacer por la Patria para vivir. Naturalmente toma entonces el semblante de amor a la Patria, gran sentimiento desinteresado por esencia, el amor a la mano que procura el pan de que se vive. ¿Cómo no amar a la Patria como a su vida, cuando es la Patria la que hace vivir? Así, el patriotismo es muchas veces mera hipocresía en sus pretensiones a la virtud, y en realidad una simple industria de vivir.

 CFK: Cuando un gobierno constitucional en ejercicio de las facultades que le confiere la Constitución y las leyes y, esencialmente, el voto popular, toma una medida que está en ese marco de legalidad y de legitimidad, puede ser, por allí, no aceptado, porque hasta no tiene por qué ser aceptado, pero sí entendido.

 JBA: En la doctrina de la Constitución argentina, la abundancia de la renta pública depende del respeto asegurado a los derechos naturales del hombre, en el empleo de sus facultades destinadas a producir los medios de satisfacer las necesidades de su ser. Esos derechos, en que reposa el sistema rentístico, el plan de hacienda o de finanzas, son la propiedad, la libertad, la igualdad, la seguridad en sus relaciones prácticas con la producción, distribución y consumo de las riquezas. La Constitución quiere que la ley fiscal o rentística respete y proteja esos derechos, lejos de atacarlos. El poder de crear, de manejar y de invertir el Tesoro público, es el resumen de todos los poderes, la función más ardua de la soberanía nacional. En la formación del Tesoro puede ser saqueado el país, desconocida la propiedad privada y hollada la seguridad personal; en la elección y cantidad de los gastos puede ser dilapidada la riqueza pública, embrutecido, oprimido, degradado el país. Al poder legislativo, órgano más íntimo del país, es delegado el ejercicio de crear los recursos y votar los gastos públicos. Ese poder es exclusivamente del Congreso. Y del Congreso, la Cámara de Diputados es la única que inicia las contribuciones.

 CFK: Nunca había visto en tan corto tiempo tantos ataques a un gobierno surgido del voto popular, nunca tantas ofensas, nunca tantos insultos. ¿Y por qué? Parece que sólo he cometido un pecado: haber sido votada por la mayoría de los argentinos en elecciones libres, populares y democráticas. Tal vez, además de ser votada, tengo otro pecado: el ser mujer, pero de los dos me siento orgullosa, de ser mujer, la primera que gobierna la República Argentina en nombre del voto popular.

 TS: La fórmula mágica “raza, clase y género” ha reemplazado al pensamiento en muchos círculos intelectuales.

 CFK: Un 24 de febrero de 1976 las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lock out patronal. Un mes después, el golpe más terrible, la tragedia más terrible que hemos tenido los argentinos. Hace poco, los argentinos recordamos el día 2 de abril a los Veteranos de Guerra y Caídos en Malvinas. Recuerdo aquellos tiempos en donde desde los medios de comunicación nos decían que todo estaba bien, que todo era maravilloso. Sé que podrá decirse: claro, estaba la dictadura no podían decir otra cosa, pero con qué pasión decían que las cosas iban bien, cómo se esmeraban; realmente no parecía que hubiera habido miedo en la comunicación, sino pasión por contar lo que no era. La misma pasión que siento sinceramente como argentina muchas veces, cuando escucho casi con la misma pasión que nos decían en aquellas oportunidades que todo estaba bien, hoy que todo está mal, que todo es negativo, todo negativo. Parece ser que hay una prohibición decretada desde algún lugar de que comunicar a los argentinos que las cosas nos van mejor o que también pasan cosas buenas en la República Argentina, fuera algo que está demás o molesta. Quiero decirles que ese pasado que quiere volver no va a poder porque ha cambiado la Argentina, ha cambiado el mundo y hemos cambiado también nosotros, somos otro país, pese a quienes les pese.

 TS: Uno de los dolorosos signos de nuestro decadente sistema educativo es la cantidad de personas incapaces de elaborar un argumento coherente. Pueden ventilar sus emociones, cuestionar los motivos de otras personas, emitir declaraciones audaces, repetir slogans… cualquier cosa menos razonar. Todos aquéllos que disienten con la gran visión deben ser acusados de poseer no sólo intenciones malignas, sino también fallas de carácter profundamente arraigadas. Toda la sociedad pierde cuando las decisiones se toman a través de la demonización del carácter en lugar de la discusión racional. Unir a la gente tras el irreflexivo mantra del “cambio” significa pedir un cheque en blanco a cambio de retórica. Ese negocio ha sido llevado a cabo muchas veces en diversos lugares, y millones de personas vivieron para lamentarlo.

 CFK: Déjenme contarles que en aquel pasado muchas veces nos dividieron con enfrentamientos artificiales, que hoy intentan algunos burdamente repetir. Cuando uno escucha a algunos dirigentes que dicen pertenecer al campo del pueblo y representar a los pequeños productores, digo yo, ¿se puede representar al pueblo y enorgullecerse de desabastecerlo? Muchas veces los intereses que son poderosos no representan grandes cantidades de gente, pero los que son muy poderosos, se valen muchas veces de enfrentamientos artificiales entre los argentinos. Lo hemos visto a lo largo y ancho de la historia. Los argentinos nos hemos alejado del infierno y no queremos volver a él. Ése es mi primer compromiso y mi primer deber: lograr la unidad para seguir adelante.

 TS: La mayoría de los horrores del siglo XX (y han sido muchos), no hubieran sido posibles sin demagogia ni propaganda engañosa. La mayor parte de las personas tiene demasiada decencia y sentido común como para aceptar tales horrores a menos que alguien encontrara la manera de apagar su pensamiento y encender sus emociones. Crear divisiones al tiempo que se proclama la unidad es algo que sólo puede lograrse en el mundo de la retórica. Cultivar el resentimiento histórico no suele funcionar como tratamiento para superar la miseria y acceder a la prosperidad, salvo para quienes lo convierten en una manera de ganarse la vida. Como Joseph Schumpeter dijo una vez: “Lo primero que un hombre hará por sus ideales es mentir.”

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