Archivos para 29 octubre 2007

Crónica de una dictadura anunciada

Ayer, presenciamos el surgimiento del Nuevo Amanecer de la Patria. Un amanecer inquietante, por cierto. Y sin embargo, ya en 1871, Juan Bautista Alberdi, el Gran Olvidado de nuestro país, hacía un análisis detallado y exacto de nuestra realidad actual.

El siguiente es un pasaje del libro Peregrinación de Luz del Día, donde la protagonista (la Verdad) escucha cómo Gil Blas concibe la política en América:

“Yo le sirvo en la política. Se da este nombre en este país a una industria, que es la industria reina para lo que es vivir vida grande y soberana. En la política soy empresario de elecciones, corredor de candidaturas y constructor de presidencias. En una política liberal, como es la de América, los sirvientes sirven libremente; son empresarios que emprenden por cuenta de su amo y para su amo, mediante un largo y liberal estipendio recibido en parte del producto de cada empresa, es decir, de cada elección. Para mí es mejor hacer presidencias, que desempeñarlas. Presidir al Presidente, gobernar al gobernante, conducir al país desde su casa sin ser visto, sin darse trabajo, sin correr riesgo, sin responder de los disparates del Gobierno, es estar a los provechos sin estar a las pérdidas, y no es indigno del buen juicio de Gil Blas. Además, en mi calidad de extranjero, es justo que me contente con el modesto rol de presidir al Presidente.

Pero no es poco saber buscar y descubrir un presidente gobernable. Generalmente es preciso ir a buscarlo en el interior del país. Después de encontrado y hecho presidente antes de ser elegido, viene el trabajo delicado de hacer creer al amo, es decir, al Pueblo, que él es quien lo ha elegido. Esto es fácil ciertamente para el que sabe que no hay sino seguir el método empleado para engañar a los reyes en Europa. El arte de engañar a un rey es el de engañar a todo soberano, a comenzar por el soberano pueblo, que es el más crédulo de todos, porque se compone en su mayor parte de gentes que no saben deletrear. Se puede decir que sus sirvientes quieren, piensan, aman, aborrecen y gobiernan por conducto de su amo, en vez de que su amo piense, quiera y gobierne por conducto de sus sirvientes. Esta es toda la diferencia entre los soberanos de los dos mundos: los unos gobiernan a sus sirvientes, los otros son gobernados por sus sirvientes. El amo para ser bueno ha de ser el instrumento del criado. El amo moderno, el amo cristiano, es sirviente de su doméstico. Por este contraste raro yo soy aquí un sirviente y soberano, por decirlo así, gracias a mi talento y tacto para descubrir los buenos candidatos.

Las condiciones y calidades de un buen candidato para el gobierno de mi conveniencia, no son pocas. Debe de tener en apariencia todas las aptitudes del mando; pero en realidad, debe carecer de todas, porque si una sola le acompaña, eso será lo bastante para que nunca llegue al poder. Con el exterior de un gobernante nato, debe ser más gobernable que un esclavo; debe ser un timón con el aire de un timonero; una máquina con figura de maquinista; un camarero con piel de león; un conejo con el cuero de una hiena; un bribón consumado, con el aire grave del honor hecho hombre. Debe ser un mentiroso de nacimiento, y al mismo tiempo debe ser el ‘flagelo’ de los mentirosos, para darse el aire de odiar la mentira. Debe ser liviano como el corcho, si quiere ser el rey de las ondas, pues si es grave y pesado como el oro, las ondas pasarán por encima de él; las anclas son de fierro, las boyas son de corcho; aviso a los que no quieran ahogarse en el mar de la democracia. El carácter es un escollo, y el vicio de decir la verdad es otro. El que ama el poder y aspira a tenerlo, debe dejar mutilarse la mano, antes que abrirla si está llena de verdades: verdad y poder son antítesis. Gran fama de hombre culto debe tener el candidato, pero jamás llegará al poder si su educación no ha sido hecha ni adquirida por estudio que ha dejado de hacer, en Universidades que dejó de frecuentar, en instrucción y conocimientos que se abstuvo de adquirir. Debe tener el talento de ocultar la verdad, por la palabra y la prensa. La frase gobierna al mundo a condición de ser vacía, porque la frase como el tambor hace más ruido a medida que es más hueca.”

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Socialismo del siglo XXI

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No seamos ovejas en las urnas.

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No me digas mentiritas…

Los niños son el futuro, o al menos eso dice la sabiduría popular. Es por esta razón que nuestro gobierno siempre tuvo en mente a los más pequeños. ¿Alguien recuerda las historias de NeKi, el pingüino de las tierras blancas? De la mano del Búho Memoria, los jóvenes tuvieron la oportunidad de conocer las andanzas del héroe patagónico, enfrentado a muerte con la malvada Águila Imperial y las aves rapaces armadas de la dictadura. “Pienso que es hora de apoyarlo [a NeKi] y volar junto a él hacia la esperanza”, es el consejo final del búho narrador. Las malas lenguas aseguran que no es coincidencia que esta ave sea considerada agorera en el folclore argentino. En este punto, no sería malo recordar que el pingüino es también conocido como el “pájaro bobo”.

Pero ésta no es la única muestra oficial de preocupación por los futuros hacedores de la patria. Basta con encender el televisor para ver las propagandas de la candidata presidencial por el Frente para la Victoria, donde se narra la historia de la pequeña Dolores Argentina, que gracias al Pajarón de los Hielos es “cada vez más Argentina y menos Dolores”; o aquélla en la que se exige el agradecimiento de los padres por la ignorancia de sus hijos con respecto a qué es el FMI. Verdaderamente, lo único que faltó en la campaña fueron consignas del estilo “Si tu corazón tiene agujeritos juntas lo podemos ayudar” o “Todo todo todo es tuyo si querés, ¿querés?”.

Siguiendo la misma línea, los discursos presidenciales están plagados de frases melosas, como por ejemplo: “lo importante es que lo viene sea mucho mejor, con ideas creativas, con alegría, ponerse contento”, o “Que la ilusión se convierta en algo permanente, la autoestima, saber que podemos ser cada día mejores, porque tenemos un gran recurso humano, y también la ilusión de la vida.” Por lo tanto, el mensaje que este blog quiere transmitir al gobierno será traducido al idioma que este sector maneja mejor, y, parafraseando a la gran filósofa de nuestros tiempos, Cris Morena, exclamamos: Señor Presidente, ¡no nos diga mentiritas!

El famoso maquillaje a los cálculos del INDEC con respecto al IPC (Índice de Precios al Consumidor) es un dato de color en lo que hace a las mentiras del gobierno a la hora de hablar del tema inflación. Entre las explicaciones preferidas por el Heterodoxo de Mirada Esquiva para este fenómeno se encuentra el egoísmo de los empresarios, que desean obtener mayores rentabilidades a costa del bolsillo de los desprotegidos consumidores: “Nosotros podemos hacer todo el esfuerzo en el seguimiento de precios, pero hay sectores que no quieren invertir más en capacidad instalada, quieren más rentabilidad, con la misma capacidad instalada sin generar mayor inversión.”  Y continúa diciendo: “El consumo no necesariamente, bajo ningún aspecto, genera crecimiento en los precios, por el contrario, el consumo tiene que alentar a que todos ustedes y todos los empresarios hagan mayores inversiones para que las inversiones vayan dando la posibilidad de ir dando el equilibrio que todos necesitamos.” La mentira se encuentra aquí en la agregación del consumo privado y público, ya que los efectos del aumento relativo de uno y otro no son iguales.

En el caso de la Argentina, el crecimiento (cada vez más acelerado) del gasto público es lo que se encuentra detrás del aumento de la demanda. A tal punto que representa cerca de un 25% del PBI. Para tener una idea de la dimensión de esta cifra basta recordar que en la demonizada década de los noventa el gasto constituía un 21% del producto. Ahora bien, ¿cómo afecta la “prodigalidad fiscal” a las decisiones de inversión? Armando Ribas explica muy claramente este punto en su libro Política Fiscal y Teoría Monetaria: un nuevo enfoque, señalando que “El Estado toma decisiones de invertir o de gastar sin tener restricción de presupuesto, por lo que su impacto sobre el mercado hace que éste se distorsione completamente. Al actuar así el Estado reasigna recursos de forma ineficiente. Por otra parte, y no menos importante, al no estar sujeta a la posibilidad de quiebra, la administración de las empresas del Estado en general es mucho más ineficiente que la de empresas privadas. Por todas estas razones podemos suponer (…) que existe un proceso de deterioro de la economía en la medida en que el Estado avanza y que, a su vez, ese deterioro tiene un punto de inflexión en la medida en que el Estado se apropia de todos los recursos.” A esto se suma la discrecionalidad del gobierno a la hora de definir una política fiscal, con tasas que aumentan por capricho y nuevos impuestos que atentan contra la propiedad privada, y que vuelve el cálculo del retorno de las inversiones muy difícil. Pero por sobre todas las cosas, como enunciara Jean-Baptiste Say hace dos siglos, la producción se paga con producción. Por lo tanto, si el crecimiento de la demanda es consecuencia del gasto improductivo, el resultado es necesariamente la inflación, y la inversión privada, único elemento capaz de aumentar la oferta, se ve ahogada por las presiones fiscales ejercidas para financiar el derroche estatal.

Otra mentira del Ajusticiador Social es que el proceso inflacionario es prueba de que la Argentina va a seguir creciendo a “tasas chinas” en el futuro: “Terminemos con estas teorías de creer que a la economía se la puede enfriar, porque si se enfría la economía y bajamos el consumo y entonces bajamos la inflación. Claro, si la gente no compra…”. Como ha sido señalado con anterioridad, el problema inflacionario no se produce por un aumento del consumo genuino. Lo que sí está inflando el consumo es el gasto improductivo del Gobierno. Por lo tanto, consuma la gente o no, los elevados costos que el gasto público genera en los productores alimentará la inflación y al mismo tiempo generará recesión. Y entonces el escenario será el peor de todos: la estanflación.

Para finalizar, me gustaría citar al Presidente que, al momento de pronunciar las siguientes palabras, experimentó un rapto de honestidad: “Nosotros queremos una Argentina donde cada día haya menos brazos caídos y más brazos levantados.” En otras palabras: “Arriba las manos, esto es un asalto.”

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El Hombre Olvidado

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