¡Yo qué sé!

Por Enrique Resco

Es posible que alguien construya una falsa realidad mediante un andamiaje de múltiples mentiras con el afán de llegar a ciertos objetivos. Si bien es reprobable, es posible que, como conocedor de la realidad, pueda corregir las alteraciones provocadas. Ahora bien, si el mentiroso se cree sus propias mentiras, el resultado generalmente es trágico. En nuestro país, la percepción de que vivimos en una gran burbuja, inflada por un ejército de sofistas, tiene cada vez más adeptos. La duda en todo caso para algunos es ¿sólo nos mienten o se creen sus propias mentiras?

La fábula del INDEC, defendida por funcionarios de primera línea, con una seriedad digna de reconocimiento. Es increíble que no se rían con sus argumentos. Aunque sospecho que en privado sí lo hacen y no sólo de lo que dicen, sino de nosotros, crédulos por obligación. De acuerdo a los datos oficiales una familia tipo deja de ser pobre con un ingreso de $929,93 (¿tipo fakir?). Se me ocurren varias moralejas… pero no me atrevo, son muy dolorosas.

El cuentito de la nueva política que termina con elogios y fotografías con gobernadores, intendentes, sindicalistas y otros especimenes que eran considerados una lacra, representantes de esa política con la que terminarían.

El cuento de las manos limpias. No sé si en algún momento sabremos la verdad “hasta las últimas consecuencias” (es tragicómico que todos los políticos usen esta expresión) de los casos SKANSKA, Micheli, tierras compradas a precios sospechosos, armas vendidas a precios sospechosos, etc. No me olvido del dinero fantasma de Santa Cruz. Cuando cualquier ciudadano común recibe dinero, ya sea en pago por trabajos realizados, herencia, venta de propiedades, etc., debe incluirlo en su declaración patrimonial. En el caso de una empresa debe estar debidamente registrado en su balance. Me sorprende que existiendo tantos periodistas de investigación en el país pocas veces se interesen en este tema. Pero más me sorprende que cuando lo hacen sólo atinen a preguntarle a algún funcionario dónde está el dinero o cuándo lo repatriarán, como si fueran fondos monárquicos o de origen negro. No ví que nadie pidiera todos los presupuestos de la provincia de Santa Cruz desde el momento que ingresó el dinero hasta hoy.

Porque si el dinero no está, estamos obviamente en presencia de un delito. Y si el dinero está pero no figura debidamente registrado en el presupuesto de la provincia, con información completa del itinerario seguido por el mismo, intereses devengados, responsables del manejo del mismo, etc., creo que igualmente estamos en presencia de un delito. Si no fuera así, comprobaríamos que los dineros públicos se pueden utilizar discrecionalmente sin ningún tipo de control (¿no seré un poco naif con b?).

Otro cuento muy meneado es el de la inserción del país en el mundo (¿será el del revés?). Siempre que queremos quedar bien con todos terminamos quedando mal con todos. Les hablamos a los inversionistas con todo tipo de argumentos falaces para que confíen en nosotros y por otro lado pisoteamos todos los derechos contractuales e individuales existentes en nuestra legislación y rubricados oportunamente por autoridades competentes. Decimos en proscenios internacionales con la misma soberbia y seguridad característica de los ignorantes, frases altisonantes e irreflexivas como si fueran discursos de barricada para que escuchen sólo los clásicos clientes del sándwich y la coca o el tetrabrick.

“El muro de la vergüenza” se dijo en Mejico para quedar bien. ¿Vergüenza para quien? Un país soberano (como les gusta decir a nuestros ñoquis) impone condiciones para el ingreso de inmigrantes. Otro país soberano no puede ofrecerle a parte de sus ciudadanos una mínima calidad de vida, a punto tal que prefieren poner en juego su vida, cruzar el desierto a pie, viajar ocultos en camiones tanque, arriesgarse a ser deportados, etc., con tal de vivir en el “Imperio”. Es una vergüenza ¿para quién? Sin embargo no nos parece una vergüenza y nos sentimos admiradores de regímenes que no permiten salir del país a sus ciudadanos, reprimen el disenso con la cárcel, organizan ferias del libro pero sólo se pueden conseguir los que el partido dice que son provechosos, se ufanan de bajar el índice de analfabetismo aunque sólo les interesa para adoctrinar más fácilmente, no permiten elecciones de autoridades o las transforman en simples fantochadas, suprimen el periodismo independiente, perpetúan en el poder a dictadores de discurso patético y aspecto payasesco, utilizan los fondos públicos como si fueran propios, se creen dueños de la verdad revelada calificando a los opositores de traidores y enemigos de la “patria” , etc. ¿¡Que vergüenza!?

Para pasar a actividades más terrenales de la vida ciudadana, me gustaría que nuestros funcionarios probaran las delicias que el común de sus “administrados” experimentan cotidianamente:

* Pedir turno para atención en un hospital público, o si decididamente se trata de alguien muy audaz, esperar turno para una intervención quirúrgica.
* Enviar a los hijos a una escuela pública, verificando el estado de la misma, los medios con que cuenta para su tarea, etc.
* Intentar circular por las calles o rutas sin tener un cronograma actualizado de cortes y un diagrama de baches.
* Sentir esa sensación de gratificación y seguridad viajando en cualquier transporte de corta, mediana o larga distancia, por ruta, vías, aire, etc.
* Tratar de sobrevivir realizando cualquier trabajo lícito.
* Evitar una sobredosis de calmantes al escuchar la radio, ver televisión o leer los diarios, colmados de lame mocasines.

También tenemos que mencionar la pacificación del país. Todas las pasiones desatadas durante años se habían ido diluyendo por el tratamiento cada vez más prudente de los temas del pasado y ayudados, como siempre en estos casos, por el paso del tiempo. Pero la prédica permanente del odio y la venganza parecen ir reavivando un fuego que esperemos no genere un incendio. Las divisiones entre buenos y malos nunca son ciertas, genera que cada uno las interprete a su manera y se encolumne de manera irreconciliable detrás de su tribu. Es una prédica que también está vigente en Latinoamérica. Nunca en los discursos se habló tanto de la hermandad entre los países latinoamericanos y tampoco nunca existieron tantos resquemores no tan sólo entre los dirigentes sino, trasmitidos por éstos, entre los ciudadanos. Podríamos asimilarlo a que los hermanos siempre se pelean. Eso sí, tengamos en cuenta que estos hermanos están cada vez más armados.

A pesar de la cantidad de irrealidades que se podrían sumar a este pequeño listado, creo que sería bueno hacer una síntesis del significado que tiene vivir en una burbuja. Tenemos no sólo una economía dibujada, las instituciones están también dibujadas y, como consecuencia de esto, dado que todas las decisiones que tomamos tienen que tener relación con este dibujo, tenemos una vida dibujada.

En el fondo todos presentimos que el “pseudo crecimiento” económico tiene que ver una vez más con la coyuntura internacional y que, a raíz de eso, cualquier cambio externo nos pincha la burbuja. Si caen los precios internacionales de las materias primas nuestros burócratas no podrán seguir rapiñando a los productores para continuar con el dibujo. Cuando no existan los fondos necesarios para los planes “antisociales” de los punteros o para los gigantescos subsidios cruzados ya institucionalizados y tantos otros remiendos discrecionales que generan una grotesca e inmoral transferencia de ingresos, destruyendo derechos individuales y garantías: ¿quién le explicará a los ciudadanos (o al pueblo) el precio real de las cosas? ¿Cómo se adaptarán aquellos que desarrollaron una actividad evaluando los precios inventados? Es decir, cuando reviente la burbuja ¿quién se hará cargo? Deberemos comenzar de nuevo con una nueva frustración a cuestas y con una cantidad de desplazados cada vez mayor.

Si nuestros salvadores de hoy se creyeron sus propias mentiras, que es lo más probable, estamos perdidos. Si no saben como salir de la burbuja y apostaron todo a un pleno, deberían evaluar que en estas circunstancias las probabilidades ni siquiera son 36 a 1.

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3 Responses to “¡Yo qué sé!”


  1. 1 Delfín agosto 7, 2007 en 8:25 pm

    Muy bueno!, aunque yo estoy seguro que mamá Cristina traerá el cambio a todas esas cosas horribles que pasaron con el Kirchnerismo, en el Fernandismo las cosas van a ser distintas… ya va a ver, no se desespere, el cambio recién comienza, ya lo dijo Alberto F esta mañana “la gestión de K nos ha dejado a la puerta del paraíso”.

    Voy a linkear tu blog en el Pasquín así te tengo a mano,
    saludos

  2. 2 Laura agosto 7, 2007 en 10:38 pm

    Muchas gracias por el comentario, Delfín! Me parece que quien resume mejor mi visión al respecto del gobierno es Karl Popper:
    “En efecto, me inclino a creer que rara vez se han mostrado los gobernantes por encima del término medio, ya sea moral o intelectualmente, y sí, frecuentemente, por debajo de éste. Y también me parece razonable adoptar en política el principio de que debemos siempre prepararnos para lo peor aunque tratemos, al mismo tiempo, de obtener lo mejor. Me parece simplemente rayano en la locura basar todos nuestros esfuerzos políticos en la frágil esperanza de que habremos de contar con gobernantes excelentes o siquiera capaces.”

  3. 3 DrLeKter agosto 8, 2007 en 10:24 am

    Muy buen artículo! La verdad es que estamos muy complicados, y con la sra no creo que sea mejor. Se está haciendo costumbre pasar por acá. Saludos! =)


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