Cuentito KK

Por Enrique Resco

Ya era de noche. Me metí debajo de las frazadas, apagué la luz, cerré los ojos y, con una sonrisa mezcla de paz y tranquilidad, me dispuse a dormir plácidamente.

De pronto vi un púlpito gigante, con fastuosas ornamentaciones de dudoso buen gusto y poco cuidadas, como descascaradas.

 Subido al mismo, un hombre delgado y alto, con un rostro que no parecía humano.

Tenía una especie de pico grotesco. Hablaba, hablaba y hablaba

Aunque me pareció desagradable, comencé a prestarle atención a lo que decía porque llevaba una gorra con visera, tipo militar, que tenía una inscripción grande : SUPREMO.

Dispuesto a concentrarme en sus dichos, me di cuenta que yo estaba parado en un gigantesco playón rodeado de gente que, como yo, pretendía escuchar el mensaje del  SUPREMO.

El discurso me impactó por dos razones. Por un lado hablaba en voz muy alta e imperativa, diría que a los gritos y con una tendencia que lindaba más con la soberbia que con la seguridad.

 El mensaje hablaba de los esfuerzos que había hecho el  SUPREMO para lograr nuestro bienestar.

  Entendí que se refería a mi y a las otras personas que estaban en el playón. En realidad estaba bastante claro porque nos llamaba pueblo y vi que tanto yo como los demás teníamos una vincha elástica blanca en la cabeza que con letras rojas decía PUEBLO.Remarcaba los logros de su gestión que había comenzado hacía 4 años y que, a raíz de la cantidad de éxitos obtenidos había decidido prolongarla a perpetuidad ya sea en cabeza de él, su señora esposa , hijos, nietos o quien correspondiera en la sucesión monárquica.

El tema fundamental que trató (o gritó) fue que a partir del mes próximo y para lograr acrecentar nuestra felicidad, la leche y el chocolate que él sabía que tanto nos gustaba, se venderían a precio subsidiado.

Los repartirían los comisarios rotativos y vitalicios, designados oportunamente por él, y serían entregados en las unidades básicas, comenzando hoy para todos los que con su apoyo habíamos logrado darle un marco imponente a la concentración.

Concluyó entonces el discurso con referencias a la lucha que lleva a cabo contra los enemigos de nuestra felicidad y nos pidió el apoyo para eliminar a todos estos desalmados materialistas.

Inmediatamente comenzó la desconcentración y se formaron largas colas para retirar la leche y el chocolate, que en esta oportunidad se regalarían, conformándose las mismas de acuerdo a las indicaciones de los comisarios. Como yo no conocía a ninguno, quedé casi al final de la fila con la ilusión de que me tocara la dádiva.

 Pronto me di cuenta que en realidad no me gustaba la leche ni el chocolate. Le pregunté a quien estaba delante mío en la cola:

         ¿Te gusta la leche? ¿El chocolate?         No         ¿Y entonces para que estás en la cola?         Me la regalan y, si bien no me gusta, debo acostumbrarme a consumirlos porque es lo único que está barato y además le gusta a la mayoría.          ¿Y no podés cambiarlos por otros productos? ¿Carne, pan, etc?         No hay carne ni pan. Antes se podían comprar muy baratos, pero desaparecieron.         En el futuro ¿no pensás que también se acabarán el chocolate y la leche?         No, el SUPREMO dijo que lo que ocurrió antes era producto de los especuladores que lucraban desmedidamente y como ahora quebraron ya no ocurrirá. Él se sacrifica por nosotros, lo escuchaste ¿no?         ¿Y por qué si es un sacrificio para él hace tantos esfuerzos para seguir siendo el SUPREMO y no le deja a otro tan ingrata tarea?         Voy a creer que dudás del espíritu sublime y del alma solidaria de nuestro benefactor.          ¿Por qué sos tan terminante en tus respuestas? ¿Cómo estás tan convencido de que sabés la única verdad?         Deberías informarte bien. El multimedios La Liga que tiene canal de televisión por aire, dos cables, doce diarios y seis radios lo repite permanentemente. Y si ves en cable a los hermanitos Panquequín, ellos te lo explican fácilmente.          Opino distinto y quiero comer lo que me gusta. Ya mismo me voy a sacar la vincha.         ¡Nooooo…! No lo hagas. Si te presentás como un enemigo del cambio propuesto por el  SUPREMO voy a tener que denunciarte. La unidad del pueblo tras el proyecto de nuestro líder abarca a todos. A Los que no lo quieren entender debemos eliminarlos. Lo escuchaste recién al SUPREMO.Rápidamente estiré mi mano hacia el velador para encenderlo mientras respiraba agitadamente.

Accioné varias veces la perilla y no encendía. Pensando que no funcionaba, me levanté rápidamente de la cama. Y tan rápido fue que me tropecé con las pantuflas y me esguincé un tobillo.

A pesar de eso, con dificultad me reincorporé y accioné la llave de luz de la habitación. No encendió.

¡¡Cortaron la luz!!

Me vino a la mente la imagen del SUPREMO. ¡Me acordé de él!

Bueno… no quiero ser injusto, más de la madre y de la hermana.

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